Bautismo de un Presidente y ¿un nuevo país?

Ya pasaron los primeros cien días de gobierno del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel. La prensa cubana -no se esperaba otra cosa- ha sido muy complaciente con el acontecimiento, se ha limitado a reflejar las actividades en las que ha participado, sin un juicio crítico sobre el resultado concreto de su acción como nuevo gobernante.

Lo cierto es que Cuba está cambiando y en cosas muy sustanciales. Ya sabemos que el mandato del gobernante empezó el 19 de abril de 2018 y terminará en 2023. Y sabemos más, conocemos que en el proyecto de nueva Constitución que estos días se discute en las organizaciones sociales, instituciones y con la población en general, se establece que los mandatos presidenciales serán de cinco años, con una posible renovación por igual período, y que para acceder al cargo no se podrá tener más de 60 años.

La generación que hizo la Revolución en la década de los años 60 del siglo pasado ha hecho bien en dejar resuelta la gobernabilidad y continuidad de un proceso político que ha sido referencia para la izquierda mundial, pero ha puesto de manifiesto, también, lo inútil y contraproducente de prolongar indefinidamente el liderazgo del gobierno, aún contando con el respaldo de gran parte de la población.

Los comandantes que bajaron de la Sierra Maestra, encabezados por Fidel Castro, gozaron del reconocimiento de un país que se libraba de una feroz dictadura, la de Fulgencio Batista, y esa aureola de héroes les legitimó moralmente ante los ciudadanos  para encabezar un gobierno que sorteó peligros muy definitorios para la soberanía del país. Pero a la vez, se cometieron errores de bastante profundidad que en circunstancias normales la población no hubiera permitido. La historia es la que es y no la que nos podamos imaginar, pero es natural que nos hagamos la pregunta de por qué estos cambios no se adoptaron antes, con lo cual hoy, con toda seguridad,  tendríamos un país mejor en todos los aspectos.

El reto de Díaz-Canel es conquistar el reconocimiento y apoyo del pueblo por las medidas que sea capaz de llevar adelante, teniendo como arma la persuasión, el talento, el liderazgo  y el valor, sin otro aval que su trabajo, la verdad, la transparencia, el desarrollo pleno de la crítica a la gestión pública, básicamente  en los medios de comunicación, con libertad y responsabilidad, como medios para desarrollar la conciencia democrática real en el país. Que ponga en primer término el mejoramiento de las condiciones materiales de la gente, la eficiencia de los servicios públicos y la creación de condiciones para el emprendimiento empresarial y el desarrollo de las diferentes formas de propiedad, sin prejuicios ideológicos y partidistas. Las nuevas generaciones de cubanos no evaluarán a sus líderes  por méritos históricos conquistados en el pasado, juzgarán el resultado de la política y de los políticos  por el nivel de solución a sus problemas cotidianos, a la mejora de sus condiciones de vida.

Constitución y emigración cubana

Las autoridades cubanas han anunciado que facilitarán la participación de los emigrados cubanos en el proceso de discusión de la Constitución que finalmente será sometida a referéndum. Es una decisión justa y demuestra el interés del gobierno cubano en desarrollar unas relaciones creadoras con su emigración en el extranjero. Cabe esperar la participación activa de quienes estamos fuera de nuestro país y que seguimos manteniendo el amor por nuestro pueblo, el deseo sincero de que Cuba encuentre su propio camino, en paz y basado en los principios de independencia, soberanía, libertad, igualdad, pluralidad y tolerancia.

La emigración cubana es muy variopinta, desde los primeros que abandonaron el país por su participación criminal durante la dictadura de Fulgencio Batista, seguida de una amplia masa de grandes propietarios afectados por las nacionalizaciones de sus propiedades, hasta oleadas posteriores de gentes inconformes por la implantación del sistema político que desarrollaba la Revolución, o quienes simplemente buscaban, y buscan, un horizonte personal de prosperidad que no avizoran dentro de su país de nacimiento. Contando también a los que, como ha sido común en el mundo, emigran por razones personales y sentimentales.
Todo este proceso ha sido doloroso y ha traído mucho sufrimiento en la familia cubana. Ya es hora de pensar en el futuro, en ese futuro de paz y bienestar que deseamos para la Isla Verde, que a todos pertenece. Participemos con nuestras opiniones, expresemos la Cuba que soñamos para nuestros hijos, nietos y todos aquellos que siguen allí, o sueñan volver.

La Cuba del futuro no se podrá construir robusta sin la reconciliación entre los cubanos, de dentro y de fuera. El potencial económico y cultural de la emigración puede ser trascendente si se encuentran causes sólidos para su participación en los planes de futuro del país y eso debería estar muy bien desarrollado en la constitución que surja de este proceso.

Cuba, a su paso, va transformando su sistema

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Según el proyecto de nueva Constitución de Cuba, recién aprobado por la Asamblea Nacional y que se someterá a referéndum próximamente, se instauran los cargos de Presidente de la República y de Primer Ministro, tal como existió a lo largo de la historia republicana de la Nación. Ya en 2016 se había traslado la sede del parlamento al Capitolio Nacional, lugar que ocupaba el poder legislativo antes de 1959. Pudiera parecer que son simples cambios de forma dentro de ese fenómeno social que se llama Revolución Cubana, pero es mucho más. El proyecto de Constitución lo componen 224 artículos. De la actual Carta Magna fueron modificados más de 100, eliminados 11 y nuevos, casi 90. Es un cambio en profundidad.

Revisando los aspectos más destacados por la prensa a día de hoy, se podrían formular varios titulares, empezando por la limitación del tiempo para ejercer los cargos públicos más relevantes, solo dos períodos de cinco años consecutivos. El Presidente debe llegar a serlo antes cumplir los 60. Este es un cambio trascendente en un país que ha mantenido a sus principales líderes en cargos de gobierno durante décadas, muchos ya con edades que superaban los 75 años y más, el mayor ejemplo fue el propio Fidel Casto que se mantuvo frente al gobierno casi 50 años.

El proyecto de Constitución incluye el reconocimiento del mercado y como forma de propiedad agrega la privada. En la constitución actual solo se reconoce la propiedad estatal y la cooperativa agrícola. La propiedad privada fue eliminada prácticamente como término jurídico y económico en 1968, durante un lamentable proceso de nacionalizaciones de la pequeña y mediana propiedad privada, conocido como Ofensiva Revolucionaria.

La palabra comunismo no aparece en el nuevo texto, contrario a lo ocurrido en la de 1976. Dice ahora que el propósito trazado como política de estado es un “socialismo próspero y sostenible”. Otro aspecto muy significativo que contiene este proyecto es la definición de matrimonio como la unión entre dos personas, dando pie a la posterior legalización del matrimonio homosexual. En lo social esta medida es extraordinaria si tenemos en cuenta el historial de homofobia y machismo que ha estado presente en la sociedad cubana, posiblemente desde la etapa colonial del país y que tuvo su clímax en los primeros años de la Revolución, cuando se aplicaron políticas extraordinariamente severas contra homosexuales, entre ellos varios conocidos intelectuales.

En lo relativo a los derechos civiles y políticos no hay grandes titulares, reafirma que el Partido Comunista de Cuba es la fuerza dirigente superior de la sociedad, no parece suficiente que sea el único legalmente reconocido, sino que además se le atribuye ese poder tan general y hasta abstracto que lo sitúa como una fuerza sobre natural, por encima de cualquier otra consideración. Por otra parte, resulta contradictorio cuando en otra parte del texto se habla de que “la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado. Ese poder es ejercido directamente o por medio de las Asambleas del Poder Popular y demás órganos del Estado que de ellas se derivan, en la forma y según las normas fijadas por la Constitución y las leyes”. El enunciado del Partido se mantiene intacto al que existía en la mayoría de los países del bloque socialistas de Europa y la Unión Soviética y otros países afines en el siglo pasado.

No obstante, aún sin haber leído el texto completo, la conclusión que se puede extraer de estos cambios constitucionales en Cuba es que es un paso hacia adelante en lo que han llamado la actualización de sus políticas, reflejado con bastante fidelidad en el ultimo congreso del Partido, conocido con el largo título de “Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista” Ese documento, sin ser un análisis crítico del pasado, sí es una buena fotografía y diagnostico de la situación actual del país en los sectores vitales, las problemáticas sociales, sus contradicciones y los retos a corto y largo plazo.

Otras transformaciones deberán producirse para hacer verdaderamente “sostenible” el socialismo al que aspiran. Una de ellas y posiblemente de las más significativas, deberá ocurrir en el seno del propio partido gobernante, en su política y en su renovación. Probablemente sea este el último compromiso de Raúl Castro para con la historia, después de haber impulsado sostenidamente la reorganización del Estado y la discreta reforma económica en marcha.

Tanto Fidel, como Raúl, en las ultimas décadas, han delegado la dirección cotidiana y operativa del partido en un médico guerrillero de la Sierra Maestra que ya tiene 87 años y que ha dirigido la organización con mano dura, aplicando las concepciones más dogmáticas del sistema, cerrado a cualquier ejercicio crítico de fondo, incluso los provenientes desde posiciones revolucionarias. Si el partido está tan comprometido con la sociedad como se proclama, es tiempo de que esa organización se dinamice y juegue un papel más creativo, ilusionante y moderno.

Cuba no puede seguir atrincherada, a merced de los vaivenes de sus relaciones exteriores y mantenerse en el inmovilismo en su vida política interna. Es cierto que los pequeños grupos de disidencia existentes no son aceptados por la población por su conocida dependencia ideológica y económica al servicio de los intereses de quienes les pagan, es decir los norteamericanos, pero esa no es una excusa para que no se permita la existencia de otras asociaciones civiles no gubernamentales, independientes de las organizaciones de masas claramente seguidoras de las políticas oficiales, al igual que el naciente movimiento de prensa digital, de modo que faciliten a los ciudadanos expresarse con seguridad y legítimamente sobre los diversos asuntos que le conciernen.
Esperemos que para esto no tengan que transcurrir tres años, cuando se produzca el VIII Congreso del Partido y que antes, además de implantarse y respetarse lo proyectado, lleguen cambios de más calado.

Pan y azúcar, andamos de dos en dos

 

El Quijote veía gigantes en sus andanzas manchegas y eran molinos. Yo, en estas mismas tierras, donde acaban de cortar el trigo, imagino plantaciones de cañas de azúcar recién cosechadas. Alucinaciones compartidas.

Pareciera que las infinitas llanuras manchegas provocan brotes de espejismos, fantasmas y apariciones, similar síndrome de los que hemos crecido rodeados de cañaverales, allende el océano.

Aquí trigo, harina y pan. Allá caña de azúcar, aguardiente y ron.

Es espléndido, es bello, contemplar los campos segados, tanto de trigo como de la caña, con ese color amarillento que asumen después de la cosecha. Disfrutarlo es muy breve, porque pronto el hombre moldeará esas tierras para plantar semillas nuevas. Aparecerán las lluvias, los brotes verdes. Crecerá el trigo, se empinará la caña de azúcar y se repetirá infinitamente el ciclo. Primero todo verde, muy verde y finalmente volverá ese manto homogéneo de un tenue amarillo.

Tanto tenemos en común en nuestros campos, tanto en nuestras culturas. Lo resume el Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén en su “Songoro Cosongo”

En esta tierra, mulata
de africano y español,
(Santa Bárbara de un lado,
del otro lado, Changó),
siempre falta algún abuelo,
cuando no sobra algún Don
y hay títulos de Castilla
con parientes en Bondó:
vale más callarse, amigos,
y no menear la cuestión,
porque venimos de lejos,
y andamos de dos en dos.

 

 

 

SOLIDARIDAD CON LOS CARIBEÑOS Y LOS NORTEAMERICANOS

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A modo de solidaridad con todos los caribeños y norteamericanos que en estos días están sufriendo el azote de dos grandes huracanes os dejo este testimonio que escribí sobre el ciclón Flora. Es casi igual al que presenté en un concurso de micro relatos que tuvo lugar en mi empresa, AvantCard, en Madrid y que generosamente fue premiado. Solo he suprimido algunos párrafos para hacerlo más breve todavía.
Han pasado más de cuarenta años de estos hechos, algunas cosas ya me resultan imprecisas,  pero esto es lo que guardo en mi memoria sobre mi primera experiencia de un huracán. Transcurrían tiempos muy difíciles sobre todo para los sectores más vulnerables de la población. No se habían desarrollados planes de embalse de los grandes ríos que surcan el oriente de la Isla, como los que con posterioridad fueron construidos. La situación política en general era difícil porque un nuevo sistema político empezaba a surgir mientras el anterior se resistía. Así era el contexto cuando llegó el ciclón Flora, uno de los huracanas más dañinos que ha sufrido la isla hasta ahora.

                                            Breve testimonio sobre el huracán Flora
Martes, 1 de octubre de 1963. Cuando estábamos en el aula, Alicia, la maestra, nos dijo que estuviéramos atentos porque un ciclón se había formado en el Caribe Oriental y podía ser una amenaza para la provincia. No era la primera vez que oíamos este tipo de advertencia. Nuestra reacción no podía ser otra que la ilusión por tener un día más de libertad para correr por el campo, bañarnos en el aguacero y atrapar algún pájaro con las alas mojadas. Así había sido siempre.
Miércoles. Volvimos al colegio, aunque para nosotros el ambiente ya era de fiesta, apenas atendíamos a la maestra, nos susurrábamos a los oídos sobre los planes si entraba la tormenta.
Jueves. A primera hora, cuando empezó a bailar el despertador encima de la mesa de cedro del cabecero de la cama, mi madre se presentó en la habitación para confirmarlo: – “Hijos, hoy no hay escuela por la llegada del ciclón”. A las seis de la tarde empezó a arreciar una brisa un poco extraña, pero no llovía. Mi padre se puso al lado del viejo Philips de válvula a escuchar las noticias. Oscureció antes de lo habitual y ya se veían unos nubarrones oscuros hacia el Este. Mi madre se extrañaba porque los animales de corral tenían un comportamiento extraño, se mostraban nerviosos. Sobre las ocho, era totalmente de noche, mi padre salió y se dirigió a la casa de Mario Soler. Nos separaban de ella unos ochocientos metros, estaba ubicada en una elevación natural del terreno y era la única construcción de ladrillos y cemento de la zona. La nuestra, como casi todas de los alrededores, era de paredes y techo de madera y algunas partes con la cubierta de zinc, sobre todo, en el soportal que la rodeaba. Era el típico estilo de fabricación que trajeron a principio de siglo los norteamericanos, dueños de muchas fábricas azucareras. Sobre las nueve de la noche, comenzaron unas ráfagas de viento a intervalos que estremecían con violencia los frutales: árboles de mango, aguacate, papaya, guayaba, limoneros. Empezaron a caer las plataneras que mi padre cuidaba con tanto esmero. Las caras de toda la familia delataban la creciente preocupación. “Si esto sigue así – dijo mi padre- a primera hora nos vamos para la casa de los Soler, es más segura para resistir el viento y está más alta, en caso de que se produzcan inundaciones”.
Nos fuimos a la cama, pero el ruido del aire contra las paredes, el silbido del viento entrando por cualquier hueco de puertas y paredes y el choque de trozos de zinc, ramas de árboles, macetas y diversos trastos que flotaban en el aire y se impactaban contra la casa, no permitían pegar ojo a nadie. Mi padre no esperó más, pasadas las once, envueltos en mantas, agarrados de las manos y soportando las primeras lloviznas con fuerza de balas, salvamos la distancia hasta nuestro “refugio”.
Viernes. Al amanecer, el intenso viento era sostenido y la lluvia no cesaba, no paró durante todo el día. Al anochecer empezaron a faltar alimentos, se había agotado todo, el pan, el arroz, la manteca de cerdo. Las noticias eran inquietantes, el ciclón había entrado por las proximidades de la ciudad de Guantánamo, extremo Este de la isla y avanzaba por los territorios holguineros. El ojo del huracán se ubicaba a unos doscientos kilómetros.
Sábado. Lo que veíamos en los alrededores era un mar de aguas sucias que arrastraban a su paso plantas y animales ahogados. La casa de la familia Soler, además de estar en una suave colina, descansaba sobre pilotes de hormigón que permitían el paso incesante de grandes corrientes de agua por debajo, como si fuera un puente. Para buscar suministros los hombres salieron agarrados a una cuerda para auxiliarse si la corriente los arrastraba. A las dos o tres horas regresaron con una ternera descuartizada en piezas que sería nuestro alimento durante los siguientes días. Mi madre nos mantenía casi todo el tiempo a mi hermano y a mí en la habitación que ocupábamos. Ella a ratos se lamentaba de haber olvidado muchas cosas para la contingencia, pero no le faltó la efigie de la Virgen de la Caridad, hecha de yeso, de unos cuarenta centímetros, ante la que rezaba y pedía que nos salvara.
Domingo. De repente, al mediodía, dejó de soplar el viento y el aguacero se redujo a una ligera llovizna, mientras tímidamente se asomaba el sol. Mis padres aprovecharon la tregua para ir a investigar qué había sido de nuestra casa y de las pertenencias. Regresaron cabizbajos y visiblemente conmocionados, pero no hicieron comentarios, apenas tuvieron tiempo. De nuevo empezó a oscurecerse todo, aumentaron las ráfagas de viento, arreció la lluvia y se desencadenó una tormenta de rayos que retumbaban como bombas. Hasta ese día creíamos que durante los ciclones no se producían truenos. Vuelta atrás a las pocas esperanzas de que acabara aquella pesadilla. Toda la noche del domingo lloviendo y el viento batiendo con tal fuerza que ponía a las palmas reales inclinadas, como si el viento intentara despojarlas de su altivez y belleza. El verdor de los campos de caña de azúcar daba paso a grandes espejos del agua estancada.
Lunes. Más noticias en la radio. El vértice del huracán nos había pasado por encima el día anterior, ese era el motivo de la breve tregua del domingo. Pero lo insólito ocurría ahora. La tormenta había salida al mar por la bahía de Manzanillo y después había penetrado nuevamente en la tierra por la ciudad de Santa Cruz, la misma que había sido víctima, tres décadas atrás, de “una ola gigante del mar” que causó tres mil muertos, cuando aún a este fenómeno, al menos en Cuba, no se le conocía como Tsumani. Ahora el  Flora, nombre que se había dado a este ciclón, pasaba una segunda vez por aquella sufrida zona, describiendo un lazo, una trayectoria sin precedentes en tipo de fenómeno meteorológico. En su errático camino por Cuba dejó mil doscientos muertos, diez mil viviendas destruidas y ciento ochenta mil personas evacuadas. Cien mil personas lo perdieron todo. El desastre más grande se debió al desbordamiento de grandes ríos, el que más, el Cauto, que baña grandes llanuras del oriente cubano. Las autoridades llegaron a decir que la imagen de su cauce crecido desde el aire, parecía un océano marrón del ancho de la desembocadura del Amazonas.
Martes 8 de Octubre de 1963. El huracán se internó definitivamente en el mar por la costa Norte. Regresamos a nuestra casa. Las imágenes eran dantescas: Aves, cerdos, algunos caballos y vacas yacían por todos lados hinchados y empezaban a descomponerse. La puntilla fue la muerte del perro más cariñoso que nunca más tuvimos. Compañero de juegos y aventuras que nos lamía y miraba con tal ternura que sus ojos quedaron en mi retina como mensaje sublime de lealtad y nobleza.

 

A la vera de Cervantes, Felipe Alarcón enamora La Mancha

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De niño, con mucha curiosidad contemplaba el mar muy azul de su entrañable Casablanca y el arco iris de colores vivos de los parajes rurales donde jugueteaba en Loma de Tierra, en las afueras de La Habana. Qué otros mundos existirían más allá de aquel horizonte y cómo llegar a ellos, se preguntaba. Muy pronto, como estudiante en la Academia Nacional de Bellas Artes de la Isla comprendió que serían el pincel, la tinta y la acuarela quienes le llevarían a descubrir los mundos lejanos que imaginaba.

Su interés por la obra de Cervantes comenzó muy temprano, en su etapa como estudiante, época en que llenaba sus cuadernos con dibujos de El Quijote y Dulcinea. Lo que Felipe Alarcón no imaginaba era que algunas décadas después, allende los mares, iba a desplegar una obra artística potente e internacionalmente reconocida sobre la obra del más célebre escritor de la lengua castellana. A golpe de esfuerzo, superando los rigores tanto emocionales como materiales de la mayoría de emigrantes, ha logrado en España un sitial de honor en el homenaje que rinde la cultura universal a la obra del Manco de Lepanto.

A su distinción como “Hombre de la Mancha 2016”, suma ahora el reconocimiento como “Molinero Universal 2017”, de la Asociación de Amigos de los Molinos en el marco de las fiestas patronales del ayuntamiento de Mota del Cuervo, que se celebran en estos días. Y es que en los últimos tiempos la obra de Alarcón ha llegado a un nivel de madurez muy importante y sus series dedicadas al tema cervantino han calado muy hondo en los principales escenarios manchegos del celebrado autor de El Quijote. Sus muestras y exposiciones han sido acogidas en ciudades y pueblos tan emblemáticos del mundo cervantino de La Mancha como El Toboso, Mota del Cuervo, Quintanar de la Orden y Esquivias, entre otros.

Son conocidas sus series temáticas Sueños cervantinos, ADN Cervantes y la más reciente y probablemente la más elaborada e impactante Visiones del Persiles, basada en la novela póstuma de Cervantes “Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

ATOCHA, LA RAMBLA Y LA HABANA…..HUELLAS DE LA SINRAZON

RamblaLos actos bárbaros de fanatismo terrorista ocurridos en Cataluña me provocan una asociación inevitable con hechos similares, tal vez por la proximidad afectiva que tengo con estos lugares. Recuerdo con nitidez el derribo de un avión de la línea aérea cubana provocado por bombas asesinas, el 6 de octubre de 1976, en el que perecieron 73 personas inocentes, entre ellas, el equipo nacional juvenil de esgrima en su viaje de regreso a Cuba, después de haber ganado todas las medallas de oro en el Campeonato Centroamericano y del Caribe. Guardo la imagen de aquel millón de personas que se congregó en la Plaza de Revolución de La Habana en absoluto silencio, en memoria de las víctimas.

Otro momento de conmoción fue el 11 de marzo de 2004 en Madrid, cuando explotaron bombas en cuatro trenes de Cercanías, ocasionando la muerte a casi 200 personas y alrededor de dos mil heridos. Ahora, ha correspondido a Cataluña este  17 de Agosto, con el doble atentado de Barcelona y Cambrils, que ya suman 14 fallecidos y más de 100 heridos.

Atocha, en Madrid; La Rambla, en Barcelona y la Plaza de la Revolución en La Habana, conservarán para siempre en nuestra memoria colectiva la imagen del terrorismo como expresión de lo más retorcido, desalmado, cruel y aberrante del fanatismo humano.

Desgraciadamente no son solo éstos los puntos rojos que marcan en el mapa mundial  la herida de esta perversidad, no podremos borrar las imágenes de atentados como los perpetuados en Las Torres Gemelas de Nueva York, Londres, París, Niza y tantos otros que va siendo difícil enumerar sin cometer olvidos.

Justicia, firmeza, paz, convivencia  y castigo, no hay otra cura.

 

CUBA: DOLORES DE PARTO

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Acabo de regresar de Cuba. Digo esto y me parece irreal. Yo nunca me he ido de allí. Vivo en Madrid, sin haber salido nunca de La Habana. Cosas de la imaginación.
Vengo con la sensación de que me estoy perdiendo la otra Revolución. Esta vez no vienen de la Sierra Maestra jóvenes barbudos un día de la Santa Ana, ni cientos de miles de estudiantes salen hacia los campos a realizar una alfabetización masiva, tampoco hay milicianos combatiendo una intervención militar del extranjero; esta vez son las nuevas generaciones, inspiradas en aquel espíritu transformador que se proponen rectificar errores para alcanzar las cumbres fundacionales y originarias. El movimiento de cambio es lento, pero empieza a notarse y si de un embarazo se tratara, estaríamos en lo que se conoce en el lenguaje médico como contracciones Braxton-Hicks o “dolores correos”, que anuncian la proximidad del parto.

Lo impresionante es que todo transcurre en el subsuelo y menos en la superestructura política y cultural del país. La gente empieza cada vez más a sentirse responsable de su propio destino, ya no espera que le llegue el maná del Estado. Cuba empieza a ser un hervidero de gente comprando y vendiendo, de gente pensando como salir adelante. Restaurantes privados, vendedores ambulantes, pregoneros, cooperativistas, prestadores privados de servicios básicos, esa es la estampa más visible que hace recordar a nuestro José Martí cuando dijo en “Nuestra América”, en fecha tan lejana como el 1878: “Es rica una nación que cuenta con muchos pequeños propietarios”.

Un esfuerzo titánico requerirá la mejora de todas las infractoras que están, en su mayoría, en estado lamentable, tales como ocurre con la red de carreteras, ferrocarriles, alcantarillado, calles de las ciudades, servicios hospitalarios, transporte público. A estos problemas materiales hay que sumarle el discurso monótono, machacón, complaciente y poco atractivo que sigue prevaleciendo en los medios de prensa. No están a la altura de lo nuevo, siguen anclados en el tiempo y son incapaces de hacer el verdadero relato de lo que está ocurriendo. Ojala en el anunciado próximo congreso de los periodistas se impongan las voces que ya retumban por una prensa más abierta, crítica, moderna y competitiva.

Son las propias instituciones cubanas, sus intelectuales, sus profesionales las únicas fuerzas con autoridad ante el pueblo para encarrilar la vida económica y política del país y realizar los cambios requeridos. Tienen que apartarse de una vez algunos dirigentes que jugaron un papel en el pasado, pero que ya no son capaces de interpretar a fondo la nueva revolución que está en marcha. Que nadie sueñe con supuestos opositores internos al sistema capaces de ejercer realmente un papel en el momento actual de Cuba. Muchos de esos pequeños grupos, casi invisibles, han hecho de esa “profesión” su modo particular de subsistencia a cambio de limosnas que reciben desde el extranjero y eso lo sabe muy bien la población y no lo perdona.

Raúl Castro está liderando su más importante batalla. Contra el tiempo, contra su propio tiempo, impulsa los cambios que pueden conducir a la modernización del país y dar pie para que las nuevas generaciones conserven las conquistas sociales alcanzadas y construyan un país prospero, moderno y sostenible. El tiempo es oro y es el tiempo de impulsar las reformas. Cuba tiene que acelerar o de lo contrario perderá esta gran oportunidad histórica que tiene delante.

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El cubano que quiere más una bandera extranjera

1ro de-Mayo-

El 1 de mayo, en La Habana, rompiendo el cordón de seguridad de la cabecera de la manifestación central por la fecha, un hombre desplegó una bandera de los Estados Unidos e intentó marchar con ella frente a los participantes. Fue todo un símbolo, alguien que quiere que otro Estado domine el suyo. Muy simplón. Lo paradójico es que detrás de la cabecera del desfile, miles y miles de otros cubanos portaban carteles con ideas totalmente opuestas.

Así es el comportamiento de estos “opositores” al castrismo que ya tienen un sitial asegurado en los medios de difusión, principalmente de Miami. ¿Pensarán que con esas acciones podrán derrotar a Raúl Castro? Vaya broma. Si van por ahí, como siguen haciendo aún después de todo el proceso de relativa normalización de relaciones entre ambos países, están derrotados antes de empezar. Esto explica el por qué estas personas y algunos pequeños grupos que dicen ser la oposición al sistema no tienen ningún arraigo en la población. Solo son visibles, sobre todo para los medios de prensa de Miami,  cuando las fuerzas de seguridad, actuando con bastante torpeza se prestan para convertirlos en noticia. Por ejemplo, las llamadas  Damas de Blanco, un puñado de señoras que de vez en cuando reciben su cheque o algún viajecillo al extranjero de una mano oculta que quiere mantener vivo este juego.

Las autoridades saben perfectamente que estos individuos no son ningún peligro. El peligro para el sistema no son unos cuantos descerebrados que sin pudor coquetean con representantes de Estados Unidos para buscar fama y con ello algunos fondos que ese gobierno dispone para tales fines. Esa gente no tiene ninguna perspectiva en la gran masa del pueblo cubano. El peligro para el sistema proviene de la prolongación de las carencias materiales, de la lentitud en la aplicación de mediadas que dinamicen la economía doméstica y particularmente de la necesidad de ilusionar a los jóvenes con un proyecto que les despierte el sano y humano deseo de prosperidad y bienestar sin tener que recurrir a la emigración para alcanzarlo.

Es la segunda vez que Daniel Llorente llama la atención a los medios de prensa internacional exhibiendo provocativamente la bandera americana, la primera fue con casación del arribo del crucero Adonia, procedente de los Estados Unidos, hace un año. Si lo que quiere Llorente es ganar simpatizantes en aquella plaza y no en la prensa de Miami, mejor es que grite a los cuatro vientos: no seremos nunca una estrella más de esta bandera y acto seguido, la queme. Aunque yo, por respeto al pueblo americano, me buscaría otro símbolo, que por desgracia no son escasos: La Enmienda Platt, la foto del marine borracho encaramado en la estatua de nuestro José Martí, en fin, hay muchos y él lo sabe.

 

Campo Florido y el viaje de mi vida

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Guardo en mi memoria, como recuerdo imperecedero, el bamboleo de los vagones, el crujir de las ruedas de acero sobre los rieles, la somnolencia contemplando los verdes campos de caña, las palmas reales, los cocoteros, las casas de campesinos con techos de zinc y guano, hombres a caballo con sombreros de yarey trasladándose de un lado para otro, en fin, todo el mundo rural cubano. Aunque la escena se repetía cada año, desde que estudiaba en La Habana, era el viaje de mi vida. Con él soñaba y con el pensamiento puesto en él, resistía los avatares de la beca, la añoranza y la melancolía. Más que los exámenes finales, lo que teníamos en la cabeza era la fecha de fin de curso. Al amanecer de ese mágico día llegarían los autobuses a la plazoleta frente al Instituto para trasladarnos hacia la estación de ferrocarril de La Habana Vieja y comenzar el recorrido hacia el Este, surcando la Isla casi entera, camino de retorno a nuestras casas, al encuentro con nuestras familias.

El año 1966 se presentaba muy agitado.  Algunos recodaban el inicio de la década, cuando estuvimos a punto de ser el centro de una guerra nuclear. Los periódicos reflejaban  sabotajes e intentos de atentados casi a diario. En marzo, grupos armados presumiblemente provenientes de Florida, hunden el pesquero cubano Lambda 17, en pleno estrecho de Yucatán. Ese mismo mes se produce un intento de secuestro de un avión cubano en el que murieron el piloto y un custodio, también roban una embarcación en la base náutica de Cubanacán, la cual  fue recogida por un guardacostas norteamericano a 78 millas de Matanzas. El colofón a todo este ambiente de inestabilidad y agresiones fue el asesinato del soldado cubano Luis Ramírez López,  del Batallón Fronterizo del ejército cubano, víctima de  disparos provenientes de la base naval norteamericana de Guantánamo.

Nuestra escuela tenía una particularidad muy especial. A la vez que estudiábamos, constituíamos una Unidad Militar para tiempo de guerra, lo que nos permitía hacer la mili mientras cursábamos el nivel medio superior para ingresar en carreras universitarias de la rama agrícola. De ahí que tuviéramos una estructura militar que regía todo el orden interno del centro. En la extensa área exterior había unos aparcamientos techados repletos de técnica militar que servía para impartir la preparación a los alumnos, además de ser el armamento propio de una unidad de artillería.

El viernes 27 de mayo, siguiendo la rutina de cada semana, formamos las compañías frente al pabellón central del Instituto a la espera de que el Jefe de la Sección Política se dirigiera a todos para valorar el resultado de la preparación combativa y dar la orden de salida del fin de semana. En el ambiente se respiraba algo extraño. El teniente, antes de dirigirse al atril para pronunciar su charla, conferenciaba con el director del Instituto. Felipe Lozano, mi compañero de escuadra, me golpeó ligeramente sobre el hombro y  llamándome por mi número en la lista militar, no por mi nombre, me dijo – “Oye 170, aquí hay gato encerrado”. Me encogí de hombros, resignado.  En efecto, el teniente fue lacónico y  se limitó a decir que no habría pase de fin de semana por la situación de amenaza que vivía el país e indicó que debíamos permanecer atentos en nuestras áreas de descanso. Sin más  ordenó -“¡Firmes!, ¡Rompan filas!”.

A las 22:30, cuando por la megafonía local se escuchaba  la corneta llamando a silencio, volvió Felipe a susurrarme, ya desde la litera de al lado – ¿No me crees, 170?… pues no te relajes muchos que vamos a tener jaleo en muy poco tiempo- y con una sonrisa burlona se echó a dormir. A duras penas también lo hice. Soñaba con mi último viaje de vacaciones en aquel tren que parecía rápido pero que no lo era, al extremo que le apodaban el lechero, por eso de que paraba en cada pueblo, por pequeño que fuera. Sin precisar bien la hora, pero ya siendo media noche, saltaron las sirenas de alarma general y, despedido como por un resorte, salté de las cama, me colgué el fusil en el hombro y  coloqué el casco de acero sobre mi cabeza. Llovía. No faltaron tropezones durante la carrera hacia los aparcamientos. Subimos a los camiones rusos ZIL -157, apodados   “pan duro”, por la dificultad que presentaban para conducirlos. Llevaban a remolque los cañones.

Con las primeras luces del día  la caravana se detuvo en  una extraordinaria arboleda y se dio la orden de descender de los vehículos y comenzar el emplazamiento de la artillería.  En medio de una llovizna persistente comenzamos, como topos, a cavar huecos con la profundidad adecuada para proteger los cañones. Se organizó la defensa del lugar repartiendo los horarios de guardia a cada uno. Al amanecer terminó la lluvia y ante nuestros ojos apareció aquel maravilloso paisaje de árboles frutales de mango, esplendorosos, todos muy verdes y muy altos. El día entero lo pasamos en la misma faena, con recesos para el desayuno, el almuerzo y la cena. Al oscurecer, de nuevo llovizna y la lucha por protegernos del agua y los insectos. Algunos se guarecieron en la parte de abajo de los propios camiones; otros pegados a los árboles hicimos tenderetes con las capas individuales de agua. Cada vez que la brisa aumentaba se movían las ramas y nos caían chorros de agua. También afectaba a los refugiados debajo de los camiones. No sabía qué era peor, si el agua que se filtraba por cualquier lugar o los malditos mosquitos que no cesaban de picar en medio de aquella circunstancia. Confirmé lo dicho en la clase de biología, estos bichos son hidrófugos. Otra vez la guardia nocturna, otra vez el sueño recurrente. Era como la continuidad del anterior. El viaje, el ruido, la monotonía del tren…pero en este se incorporaba el componente erótico. A mi lado viajaba una chica muy bella y sensual de un curso superior al mío. Sin esperarlo inclinó ligeramente su pierna para rozar la mía. La libido iba en aumento. Entonces moví mi pie sin disimulo  y toqué con suavidad el suyo. Nos miramos sin decir palabras, pero deseando mucho… Frente a mi, en la oscuridad, oigo de nuevo el susurro de Felipe, “Vamos 170, déjate de remolonear, que es la hora de tu guardia.

El domingo 29, charla política y lectura de un comunicado en el que se anunciaba la declaración del Estado de Alerta a todas las fuerzas armadas del país. El periódico del día anterior titulaba  a seis columnas “Si nos atacan, los combatiremos mientras nos quede un hombre o quede un pueblo en el mundo luchando con las Armas”.

Yo era el jefe de pieza, es decir, jefe de un cañón antitanque de 57 milímetros y su dotación de jóvenes artilleros. Revisé mi sector de fuego y los puntos de referencia para el tiro. Confirmé sobre el mapa que estaba justo en una elevación de Campo Florido. Miré a través de los prismáticos hacia el norte. Se divisaba la costa, el litoral verde/azul de la Habana. Las playas de Guanabo y Santa María, con sus arenales blancos y aguas cristalinas.  Eché mi imaginación a volar y visualicé un desembarco, portaaviones, lanchas repletas de soldados y ataques aéreos sobre nuestras cabezas. Un raro cosquilleo me subió del estómago a la garganta. En este clima guerrero pasamos varios días entre mosquitos, camiones y armas, preparando escenarios para diferentes contingencias, ejercitando una y otra vez la carga de los proyectiles y la corrección de los sectores de fuego.

– ¡Al fin, 170! Esto se acaba. Hemos ganado una guerra sin disparar una bala-  sentenció Felipe, ya en la fila para abordar los camuflados “panes duros”. Respiré hondo y comencé a recuperar  la esperanza de realizar nuevamente, en el verano, el viaje de mi vida. Una nueva estación incorporaría al itinerario, la de Campo Florido.