A la vera de Cervantes, Felipe Alarcón enamora La Mancha

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De niño, con mucha curiosidad contemplaba el mar muy azul de su entrañable Casablanca y el arco iris de colores vivos de los parajes rurales donde jugueteaba en Loma de Tierra, en las afueras de La Habana. Qué otros mundos existirían más allá de aquel horizonte y cómo llegar a ellos, se preguntaba. Muy pronto, como estudiante en la Academia Nacional de Bellas Artes de la Isla comprendió que serían el pincel, la tinta y la acuarela quienes le llevarían a descubrir los mundos lejanos que imaginaba.

Su interés por la obra de Cervantes comenzó muy temprano, en su etapa como estudiante, época en que llenaba sus cuadernos con dibujos de El Quijote y Dulcinea. Lo que Felipe Alarcón no imaginaba era que algunas décadas después, allende los mares, iba a desplegar una obra artística potente e internacionalmente reconocida sobre la obra del más célebre escritor de la lengua castellana. A golpe de esfuerzo, superando los rigores tanto emocionales como materiales de la mayoría de emigrantes, ha logrado en España un sitial de honor en el homenaje que rinde la cultura universal a la obra del Manco de Lepanto.

A su distinción como “Hombre de la Mancha 2016”, suma ahora el reconocimiento como “Molinero Universal 2017”, de la Asociación de Amigos de los Molinos en el marco de las fiestas patronales del ayuntamiento de Mota del Cuervo, que se celebran en estos días. Y es que en los últimos tiempos la obra de Alarcón ha llegado a un nivel de madurez muy importante y sus series dedicadas al tema cervantino han calado muy hondo en los principales escenarios manchegos del celebrado autor de El Quijote. Sus muestras y exposiciones han sido acogidas en ciudades y pueblos tan emblemáticos del mundo cervantino de La Mancha como El Toboso, Mota del Cuervo, Quintanar de la Orden y Esquivias, entre otros.

Son conocidas sus series temáticas Sueños cervantinos, ADN Cervantes y la más reciente y probablemente la más elaborada e impactante Visiones del Persiles, basada en la novela póstuma de Cervantes “Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

ATOCHA, LA RAMBLA Y LA HABANA…..HUELLAS DE LA SINRAZON

RamblaLos actos bárbaros de fanatismo terrorista ocurridos en Cataluña me provocan una asociación inevitable con hechos similares, tal vez por la proximidad afectiva que tengo con estos lugares. Recuerdo con nitidez el derribo de un avión de la línea aérea cubana provocado por bombas asesinas, el 6 de octubre de 1976, en el que perecieron 73 personas inocentes, entre ellas, el equipo nacional juvenil de esgrima en su viaje de regreso a Cuba, después de haber ganado todas las medallas de oro en el Campeonato Centroamericano y del Caribe. Guardo la imagen de aquel millón de personas que se congregó en la Plaza de Revolución de La Habana en absoluto silencio, en memoria de las víctimas.

Otro momento de conmoción fue el 11 de marzo de 2004 en Madrid, cuando explotaron bombas en cuatro trenes de Cercanías, ocasionando la muerte a casi 200 personas y alrededor de dos mil heridos. Ahora, ha correspondido a Cataluña este  17 de Agosto, con el doble atentado de Barcelona y Cambrils, que ya suman 14 fallecidos y más de 100 heridos.

Atocha, en Madrid; La Rambla, en Barcelona y la Plaza de la Revolución en La Habana, conservarán para siempre en nuestra memoria colectiva la imagen del terrorismo como expresión de lo más retorcido, desalmado, cruel y aberrante del fanatismo humano.

Desgraciadamente no son solo éstos los puntos rojos que marcan en el mapa mundial  la herida de esta perversidad, no podremos borrar las imágenes de atentados como los perpetuados en Las Torres Gemelas de Nueva York, Londres, París, Niza y tantos otros que va siendo difícil enumerar sin cometer olvidos.

Justicia, firmeza, paz, convivencia  y castigo, no hay otra cura.

 

CUBA: DOLORES DE PARTO

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Acabo de regresar de Cuba. Digo esto y me parece irreal. Yo nunca me he ido de allí. Vivo en Madrid, sin haber salido nunca de La Habana. Cosas de la imaginación.
Vengo con la sensación de que me estoy perdiendo la otra Revolución. Esta vez no vienen de la Sierra Maestra jóvenes barbudos un día de la Santa Ana, ni cientos de miles de estudiantes salen hacia los campos a realizar una alfabetización masiva, tampoco hay milicianos combatiendo una intervención militar del extranjero; esta vez son las nuevas generaciones, inspiradas en aquel espíritu transformador que se proponen rectificar errores para alcanzar las cumbres fundacionales y originarias. El movimiento de cambio es lento, pero empieza a notarse y si de un embarazo se tratara, estaríamos en lo que se conoce en el lenguaje médico como contracciones Braxton-Hicks o “dolores correos”, que anuncian la proximidad del parto.

Lo impresionante es que todo transcurre en el subsuelo y menos en la superestructura política y cultural del país. La gente empieza cada vez más a sentirse responsable de su propio destino, ya no espera que le llegue el maná del Estado. Cuba empieza a ser un hervidero de gente comprando y vendiendo, de gente pensando como salir adelante. Restaurantes privados, vendedores ambulantes, pregoneros, cooperativistas, prestadores privados de servicios básicos, esa es la estampa más visible que hace recordar a nuestro José Martí cuando dijo en “Nuestra América”, en fecha tan lejana como el 1878: “Es rica una nación que cuenta con muchos pequeños propietarios”.

Un esfuerzo titánico requerirá la mejora de todas las infractoras que están, en su mayoría, en estado lamentable, tales como ocurre con la red de carreteras, ferrocarriles, alcantarillado, calles de las ciudades, servicios hospitalarios, transporte público. A estos problemas materiales hay que sumarle el discurso monótono, machacón, complaciente y poco atractivo que sigue prevaleciendo en los medios de prensa. No están a la altura de lo nuevo, siguen anclados en el tiempo y son incapaces de hacer el verdadero relato de lo que está ocurriendo. Ojala en el anunciado próximo congreso de los periodistas se impongan las voces que ya retumban por una prensa más abierta, crítica, moderna y competitiva.

Son las propias instituciones cubanas, sus intelectuales, sus profesionales las únicas fuerzas con autoridad ante el pueblo para encarrilar la vida económica y política del país y realizar los cambios requeridos. Tienen que apartarse de una vez algunos dirigentes que jugaron un papel en el pasado, pero que ya no son capaces de interpretar a fondo la nueva revolución que está en marcha. Que nadie sueñe con supuestos opositores internos al sistema capaces de ejercer realmente un papel en el momento actual de Cuba. Muchos de esos pequeños grupos, casi invisibles, han hecho de esa “profesión” su modo particular de subsistencia a cambio de limosnas que reciben desde el extranjero y eso lo sabe muy bien la población y no lo perdona.

Raúl Castro está liderando su más importante batalla. Contra el tiempo, contra su propio tiempo, impulsa los cambios que pueden conducir a la modernización del país y dar pie para que las nuevas generaciones conserven las conquistas sociales alcanzadas y construyan un país prospero, moderno y sostenible. El tiempo es oro y es el tiempo de impulsar las reformas. Cuba tiene que acelerar o de lo contrario perderá esta gran oportunidad histórica que tiene delante.

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El cubano que quiere más una bandera extranjera

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El 1 de mayo, en La Habana, rompiendo el cordón de seguridad de la cabecera de la manifestación central por la fecha, un hombre desplegó una bandera de los Estados Unidos e intentó marchar con ella frente a los participantes. Fue todo un símbolo, alguien que quiere que otro Estado domine el suyo. Muy simplón. Lo paradójico es que detrás de la cabecera del desfile, miles y miles de otros cubanos portaban carteles con ideas totalmente opuestas.

Así es el comportamiento de estos “opositores” al castrismo que ya tienen un sitial asegurado en los medios de difusión, principalmente de Miami. ¿Pensarán que con esas acciones podrán derrotar a Raúl Castro? Vaya broma. Si van por ahí, como siguen haciendo aún después de todo el proceso de relativa normalización de relaciones entre ambos países, están derrotados antes de empezar. Esto explica el por qué estas personas y algunos pequeños grupos que dicen ser la oposición al sistema no tienen ningún arraigo en la población. Solo son visibles, sobre todo para los medios de prensa de Miami,  cuando las fuerzas de seguridad, actuando con bastante torpeza se prestan para convertirlos en noticia. Por ejemplo, las llamadas  Damas de Blanco, un puñado de señoras que de vez en cuando reciben su cheque o algún viajecillo al extranjero de una mano oculta que quiere mantener vivo este juego.

Las autoridades saben perfectamente que estos individuos no son ningún peligro. El peligro para el sistema no son unos cuantos descerebrados que sin pudor coquetean con representantes de Estados Unidos para buscar fama y con ello algunos fondos que ese gobierno dispone para tales fines. Esa gente no tiene ninguna perspectiva en la gran masa del pueblo cubano. El peligro para el sistema proviene de la prolongación de las carencias materiales, de la lentitud en la aplicación de mediadas que dinamicen la economía doméstica y particularmente de la necesidad de ilusionar a los jóvenes con un proyecto que les despierte el sano y humano deseo de prosperidad y bienestar sin tener que recurrir a la emigración para alcanzarlo.

Es la segunda vez que Daniel Llorente llama la atención a los medios de prensa internacional exhibiendo provocativamente la bandera americana, la primera fue con casación del arribo del crucero Adonia, procedente de los Estados Unidos, hace un año. Si lo que quiere Llorente es ganar simpatizantes en aquella plaza y no en la prensa de Miami, mejor es que grite a los cuatro vientos: no seremos nunca una estrella más de esta bandera y acto seguido, la queme. Aunque yo, por respeto al pueblo americano, me buscaría otro símbolo, que por desgracia no son escasos: La Enmienda Platt, la foto del marine borracho encaramado en la estatua de nuestro José Martí, en fin, hay muchos y él lo sabe.

 

Campo Florido y el viaje de mi vida

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Guardo en mi memoria, como recuerdo imperecedero, el bamboleo de los vagones, el crujir de las ruedas de acero sobre los rieles, la somnolencia contemplando los verdes campos de caña, las palmas reales, los cocoteros, las casas de campesinos con techos de zinc y guano, hombres a caballo con sombreros de yarey trasladándose de un lado para otro, en fin, todo el mundo rural cubano. Aunque la escena se repetía cada año, desde que estudiaba en La Habana, era el viaje de mi vida. Con él soñaba y con el pensamiento puesto en él, resistía los avatares de la beca, la añoranza y la melancolía. Más que los exámenes finales, lo que teníamos en la cabeza era la fecha de fin de curso. Al amanecer de ese mágico día llegarían los autobuses a la plazoleta frente al Instituto para trasladarnos hacia la estación de ferrocarril de La Habana Vieja y comenzar el recorrido hacia el Este, surcando la Isla casi entera, camino de retorno a nuestras casas, al encuentro con nuestras familias.

El año 1966 se presentaba muy agitado.  Algunos recodaban el inicio de la década, cuando estuvimos a punto de ser el centro de una guerra nuclear. Los periódicos reflejaban  sabotajes e intentos de atentados casi a diario. En marzo, grupos armados presumiblemente provenientes de Florida, hunden el pesquero cubano Lambda 17, en pleno estrecho de Yucatán. Ese mismo mes se produce un intento de secuestro de un avión cubano en el que murieron el piloto y un custodio, también roban una embarcación en la base náutica de Cubanacán, la cual  fue recogida por un guardacostas norteamericano a 78 millas de Matanzas. El colofón a todo este ambiente de inestabilidad y agresiones fue el asesinato del soldado cubano Luis Ramírez López,  del Batallón Fronterizo del ejército cubano, víctima de  disparos provenientes de la base naval norteamericana de Guantánamo.

Nuestra escuela tenía una particularidad muy especial. A la vez que estudiábamos, constituíamos una Unidad Militar para tiempo de guerra, lo que nos permitía hacer la mili mientras cursábamos el nivel medio superior para ingresar en carreras universitarias de la rama agrícola. De ahí que tuviéramos una estructura militar que regía todo el orden interno del centro. En la extensa área exterior había unos aparcamientos techados repletos de técnica militar que servía para impartir la preparación a los alumnos, además de ser el armamento propio de una unidad de artillería.

El viernes 27 de mayo, siguiendo la rutina de cada semana, formamos las compañías frente al pabellón central del Instituto a la espera de que el Jefe de la Sección Política se dirigiera a todos para valorar el resultado de la preparación combativa y dar la orden de salida del fin de semana. En el ambiente se respiraba algo extraño. El teniente, antes de dirigirse al atril para pronunciar su charla, conferenciaba con el director del Instituto. Felipe Lozano, mi compañero de escuadra, me golpeó ligeramente sobre el hombro y  llamándome por mi número en la lista militar, no por mi nombre, me dijo – “Oye 170, aquí hay gato encerrado”. Me encogí de hombros, resignado.  En efecto, el teniente fue lacónico y  se limitó a decir que no habría pase de fin de semana por la situación de amenaza que vivía el país e indicó que debíamos permanecer atentos en nuestras áreas de descanso. Sin más  ordenó -“¡Firmes!, ¡Rompan filas!”.

A las 22:30, cuando por la megafonía local se escuchaba  la corneta llamando a silencio, volvió Felipe a susurrarme, ya desde la litera de al lado – ¿No me crees, 170?… pues no te relajes muchos que vamos a tener jaleo en muy poco tiempo- y con una sonrisa burlona se echó a dormir. A duras penas también lo hice. Soñaba con mi último viaje de vacaciones en aquel tren que parecía rápido pero que no lo era, al extremo que le apodaban el lechero, por eso de que paraba en cada pueblo, por pequeño que fuera. Sin precisar bien la hora, pero ya siendo media noche, saltaron las sirenas de alarma general y, despedido como por un resorte, salté de las cama, me colgué el fusil en el hombro y  coloqué el casco de acero sobre mi cabeza. Llovía. No faltaron tropezones durante la carrera hacia los aparcamientos. Subimos a los camiones rusos ZIL -157, apodados   “pan duro”, por la dificultad que presentaban para conducirlos. Llevaban a remolque los cañones.

Con las primeras luces del día  la caravana se detuvo en  una extraordinaria arboleda y se dio la orden de descender de los vehículos y comenzar el emplazamiento de la artillería.  En medio de una llovizna persistente comenzamos, como topos, a cavar huecos con la profundidad adecuada para proteger los cañones. Se organizó la defensa del lugar repartiendo los horarios de guardia a cada uno. Al amanecer terminó la lluvia y ante nuestros ojos apareció aquel maravilloso paisaje de árboles frutales de mango, esplendorosos, todos muy verdes y muy altos. El día entero lo pasamos en la misma faena, con recesos para el desayuno, el almuerzo y la cena. Al oscurecer, de nuevo llovizna y la lucha por protegernos del agua y los insectos. Algunos se guarecieron en la parte de abajo de los propios camiones; otros pegados a los árboles hicimos tenderetes con las capas individuales de agua. Cada vez que la brisa aumentaba se movían las ramas y nos caían chorros de agua. También afectaba a los refugiados debajo de los camiones. No sabía qué era peor, si el agua que se filtraba por cualquier lugar o los malditos mosquitos que no cesaban de picar en medio de aquella circunstancia. Confirmé lo dicho en la clase de biología, estos bichos son hidrófugos. Otra vez la guardia nocturna, otra vez el sueño recurrente. Era como la continuidad del anterior. El viaje, el ruido, la monotonía del tren…pero en este se incorporaba el componente erótico. A mi lado viajaba una chica muy bella y sensual de un curso superior al mío. Sin esperarlo inclinó ligeramente su pierna para rozar la mía. La libido iba en aumento. Entonces moví mi pie sin disimulo  y toqué con suavidad el suyo. Nos miramos sin decir palabras, pero deseando mucho… Frente a mi, en la oscuridad, oigo de nuevo el susurro de Felipe, “Vamos 170, déjate de remolonear, que es la hora de tu guardia.

El domingo 29, charla política y lectura de un comunicado en el que se anunciaba la declaración del Estado de Alerta a todas las fuerzas armadas del país. El periódico del día anterior titulaba  a seis columnas “Si nos atacan, los combatiremos mientras nos quede un hombre o quede un pueblo en el mundo luchando con las Armas”.

Yo era el jefe de pieza, es decir, jefe de un cañón antitanque de 57 milímetros y su dotación de jóvenes artilleros. Revisé mi sector de fuego y los puntos de referencia para el tiro. Confirmé sobre el mapa que estaba justo en una elevación de Campo Florido. Miré a través de los prismáticos hacia el norte. Se divisaba la costa, el litoral verde/azul de la Habana. Las playas de Guanabo y Santa María, con sus arenales blancos y aguas cristalinas.  Eché mi imaginación a volar y visualicé un desembarco, portaaviones, lanchas repletas de soldados y ataques aéreos sobre nuestras cabezas. Un raro cosquilleo me subió del estómago a la garganta. En este clima guerrero pasamos varios días entre mosquitos, camiones y armas, preparando escenarios para diferentes contingencias, ejercitando una y otra vez la carga de los proyectiles y la corrección de los sectores de fuego.

– ¡Al fin, 170! Esto se acaba. Hemos ganado una guerra sin disparar una bala-  sentenció Felipe, ya en la fila para abordar los camuflados “panes duros”. Respiré hondo y comencé a recuperar  la esperanza de realizar nuevamente, en el verano, el viaje de mi vida. Una nueva estación incorporaría al itinerario, la de Campo Florido.

Marquesado con lágrimas esclavas

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Revisaba la prensa y de repente me salta a la vista un sugerente título  “Cubana gana batalla legal por el marquesado de Campo Florido”. Volví sobre el texto y la cabeza me daba vueltas y vueltas, no por la mención a un marquesado, al fin y al cabo aquí en España es cotidiano que la prensa se refiera  a la nobleza y a su repercusión en la vida política y cultural del país, lo que despertó mi curiosidad fueron las palabras “marquesado a una cubana” y “Campo Florido”.

Cuando confirmé que se trataba del lugar en La Habana del que guardo un recuerdo muy especial, se me hinchó el corazón y me sumergí  en mis recuerdos. En los próximos días publicaré en este blog  un micro relato de mi vivencia en ese maravillo y espléndido lugar.

Ahora,  una pequeña reflexión sobre el hecho del otorgamiento del título de marquesa a la Ilustrísima María Elena de Cárdenas y González, residente en Miami, empezando, desde luego, con el adecuado tratamiento protocolario.

La noticia dice que por sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid del 1 de febrero de 2017, se declara el mejor derecho de doña María Elena de Cárdenas y González, frente a doña Alicia Alcocer Koplowitz, al título nobiliario de Marqués de Campo Florido.

No puedo disimular una media sonrisa de incredulidad y hasta de ignorancia.  Cómo es posible que a estas alturas se diriman en los tribunales españoles a quién pertenecen los títulos nobiliarios que en tiempo de la colonia otorgaban los reyes españoles a sus servidores leales en aquellas tierras que conquistaron a sangre y fuego.

Han pagado y pleiteado para ostentar y  presumir por el linaje y grandeza familiar. Aceptemos que puede ser lícito, pero al menos pidamos que  debajo del pergamino nobiliario pongan una nota que diga: Perdón por los daños y sufrimientos causados a esclavos y nativos en los cañaverales de los ingenios San José de Miraflores (La Chumba) y San Francisco, de Tivo Tivo.

La legislación española, que ha expresado su vocación de justicia universal, debería considerar, en estos casos, un capítulo en el que precisaran la indemnización por el daño moral y humano que aquellos distinguidos nobles hubiesen ocasionado a la población aborigen y sobre todo a los esclavos, que traídos de África, fueron explotados y humillados en aquellas lejanas tierras. Así los herederos reclamantes se llevarían el paquete completo.

Es una idea consecuente con  el movimiento de la sociedad civil caribeña, de intelectuales y profesionales, que ha reclamado reparaciones por el genocidio de sus nativos y por la esclavitud. También expuesta en julio de 2013, en la Cumbre de los líderes de la Comunidad del Caribe (CARICOM) en la que acordaron establecer comisiones de reparación en cada uno de los países miembros del bloque.

DEL DESTINO MANIFIESTO AL DESTINO INCIERTO

 

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Criminales y violadores, así calificaba Donald Trump a los inmigrantes mexicanos durante su campaña presidencial para justificar la construcción de un faraónico muro que obstaculice la entrada de inmigrantes indocumentados por la frontera sur de Estados Unidos.

La humillación a los mexicanos no es patrimonio solo de Trump, viene de lejos, hace dos siglos John Adams, que había gobernado al país decía que “…la gente de Kentucky está llena de ansias de empresa y aunque no es pobre, siente la misma avidez de saqueo que dominó a los romanos en sus mejores tiempos. México centellea ante nuestros ojos. Lo único que esperamos es ser dueños del mundo”.

Eran tiempos en que florecía en buena parte de la clase política de la Unión la tristemente célebre doctrina del Destino Manifiesto, según la cual los colonos estaban destinados a expandirse por todo aquel continente  “por las virtudes del pueblo  norteamericano y sus instituciones,  rehaciendo así el mundo a imagen de los Estados Unidos”. En este contexto fue como a través de la guerra  le arrebataron más de la mitad del territorio a México: Los estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México y Texas y partes de Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.

A Trump esta pesadilla histórica le ha parecido poco, ahora  se propone completar el muro fronterizo de más de tres mil kilómetros y exigirle a México que lo pague. Es como decir, te robé estas  tierras, las he vallado y además paga para que no puedas ni acercarte a ellas.

No hay ninguna explicación razonable ni convincente para esta provocadora medida, salvo un interés de humillación al más puro estilo de las películas de cowboy,  porque el saldo migratorio es negativo, salen más mexicanos de los que entran cada año a los Estados Unidos y los inmigrantes ilegales que permanecen en ese país, mayoritariamente, han entrado con visa por los aeropuertos y después se han quedado.

Para completar la afrenta, el nuevo presidente ha anunciado que renegociará el Tratado de Libre Comercio que mantiene con México y Canadá.

Se equivoca el showman  de televisión elegido Presidente, si piensa que con esta muralla va a impedir el tráfico de inmigrantes. Para evitarlo lo razonable sería dedicar los 10 mil millones de dólares de la obra, o tal vez mucho más, a políticas de desarrollo de sus vecinos del sur, para que no se vean obligados a jugarse la vida buscando mejores condiciones materiales. Hay muchas muertes en esa frontera e infinidad de familias separadas por esta división artificial de pueblos que fueron uno solo, incluyendo reservas indígenas y etnias originarias. Por alto y robusto que sea el muro, más grande será las fuerzas del hambre, la pobreza y el deseo de encuentro de millones de seres humanos.

No es solo una humillación al pueblo mexicano, lo es también a los centroamericanos y  a toda Latinoamérica.

A dos semanas de su elección, Trump se ha embroncado  con más de cuarenta países  y dice que “el mundo está mal”, pero que él lo va a arreglar. Estamos entrando en una  etapa histórica regida, tal vez, por una nueva doctrina, la del destino de lo incierto.

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Os dejo un enlace de un vídeo que ilustra la dramática realidad de la separación entre familias de ambos lados de la frontera.

 

 

LAS PROFECIAS DE LOS BABALAOS CUBANOS PARA ESTE AÑO

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“Me fui a Guanabacoa / a casa de un babalao / para que mirara mi casa / y a mí que estaba salao…” (Probablemente el cubano que lea esto siga tarareando la pegajosa y rítmica melodía)“Me cobraron uno cinco / yo solo pagué la mesa / los gallos, pato y paloma / no entraron en esa cuenta / Me empezaron a mirar / con siete pedazos de coco / que tiraban para arriba / y empezaban a saltar…”

Este un fragmento del  célebre son afro de Hermenegildo Cárdenas (La Habana 1910-1975) “Un Brujo en Guanabacoa” que de forma muy pintoresca y con humor describe el arraigo de las religiones africanas en la sociedad cubana.

El sincretismo de las religiones en Cuba es un hecho histórico cultural de dimensiones muy grandes en toda la vida espiritual de la Mayor de las Antillas, tal vez lo que más caracteriza la cultura popular del país.

A los negros esclavos, traídos de África por lo colonizadores durante siglos, no solo se les arrebataba su libertad, sino sus costumbres, cultura e ideologías, por lo que se veían obligados a rescatar de alguna forma sus tradiciones.

La fórmula ingeniosa que encontraron para burlar las prohibiciones fue asumir los nombres de los santos cristianos para referirse a sus propios dioses, de esa manera, cuando rezaban, los amos pensaban que sus esclavos se habían convertido al catolicismo. Por ejemplo a Changó llamaron Santa Bárbara; a Oshun,  la Virgen de la Caridad; a Yemayá, la Virgen de Regla; a San Lázaro, Babalú Ayé; al Santo Niño de Atocha, Eleguá.

Esta dramática realidad histórica explica el porqué en Cuba una parte importante de la población practica la Santería o Regla de Ocha, religión politeísta, de origen Yoruba del África Occidental, según la cual cada persona nace bajo la protección de un santo u orisha. A los sacerdote de estas creencias se les conoce como babalaos.

Siguiendo la tradición, cada año se hace publica la conocida como Letra del Año, que son las profecías de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, expuestas en una ceremonia a la que asisten numerosos y representativos babalaos cubanos y de otros países, así como los miembros del Consejo Cubano de Sacerdotes Mayores de Ifá.

Estas predicciones rigen la conducir de los seguidores durante el año.

Según la letra para 2017,  la divinidad que gobierne será Oggún (Dios del hierro), y la deidad acompañante será Yemayá (Virgen de Regla), en tanto la bandera será verde y azul.

 La Letra recomienda:

  • Ser muy organizados en todos los aspectos de la vida, para garantizar una mejor forma de vida
  • Hay que actuar con justeza y buena conducta para evitar bochornos, ya que esto conllevaría a reacciones adversas que afectarían las relaciones interpersonales
  • Debemos este año darnos un pargo a la cabeza previa consulta con sus padrinos
  • Evitar el consumo de estupefacientes y el exceso de ingestión de bebidas alcohólicas
  • Se recomienda vestir de blanco
  • Hay que acudir a los mayores, y respetarlos para tener siempre la bendición de los mismos, y de Olodumare
  • Cuidarse de enfermedades en las vías respiratorias, en el aparato digestivo, sistema cardiovascular, los pulmones, la vista, los riñones, la columna vertebral y las enfermedades de transmisión sexual
  • Debemos mantener la unidad, tanto familiar como religiosa
  • Hay que buscar la fuerza en la razón y no la razón por la fuerza
  • Se debe prestar esmerada atención a la posible proliferación de hechos de corrupción, robo y dilapidación de los erarios públicos
  • Prestar especial atención a los fenómenos climatológicos, que conlleven a pérdidas, tales como penetraciones del mar, sismos, lluvias, inundaciones, huracanes, etc.
  • Hay que incrementar la atención a la educación de los niños y los valores del género humano
  • No se deben ingerir comidas atrasadas y frutas arenosas con el fin de evitar problemas digestivos
  • Exige ser humildes y sencillos, evitar la soberbia, el genio y la mala forma para con los demás
  • Velar por la higiene en todos los órdenes
  • Incentivar los hábitos laborales, el sentido de pertenencia y el amor al trabajo en todos los sectores sociales
  • Incentivar los cambios económicos y socioculturales entre países
  • Comprometernos solo a aquello que seamos capaces de cumplimentar
  • Evitar delegar en otros lo que es nuestra responsabilidad realizar
  • La protección en áreas costeras evitando la contaminación por desechos y desperdicios que afectan el ecosistema y la salud de las personas
  • Insistir en la organización del trabajo y la familia, que nos permita alcanzar acuerdos, evitando la violencia

 Hay recomendaciones de todo y para todos. Y como decía un santero, aunque no crean, no estaría mal vestirse  de blanco algún día y colgar una banderita verde y azul, por si acaso.

Si os gusta la música cubana escuchen “Un Brujo en Guanabacoa”, por el gran sonero Abelardo Barroso.  https://www.youtube.com/watch?v=FXVjjUiDs4U

Caminata de San Silvestre

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El toque a la puerta interrumpió el armónico pedaleo de la vieja máquina Singer. Mi madre se acercó a la entrada y accionó el cerrojo. Frente a todos apareció una mujer que no conocíamos de nada, saludó con cara de susto y con pudor extrajo una carta de  su sujetador, la entregó y se marchó sin dar tiempo ni para preguntarle su nombre. Ella, burlando los controles de las tropas del ejército de Batista, nos traía un mensaje de nuestro hermano que estaba en el frente rebelde. Nos anunciaba  que muy pronto atacarían la ciudad, al igual que estaba ocurriendo a lo largo y ancho  de toda Cuba en los últimos meses de 1958.

Mi padre tenía la costumbre de escuchar sigilosamente cada noche los reportes de la emisora Radio Rebelde que trasmitía desde la Sierra Maestra, mientras nosotros, niños inquietos y asustadizos, oíamos con frecuencia a través de la pared de madera que separaba nuestra habitación de la suya. Así conocimos del desarrollo de batallas importantes, tomas de pueblos y cuarteles y de la marcha de las columnas guerrillas hacia las provincias occidentales, encabezadas por el Che Guevara y Camilo Cienfuegos.

Los días 28 y 29 de diciembre se produjeron duros combates en los alrededores de Santa Clara, entre el ejército y la columna guerrillera del Che que operaba en la parte central de la Isla desde mediados de Octubre y que ahora se proponía, con unos trescientos hombres escasamente armados, el asedio y la toma definitiva de esta ciudad, capital provincial del centro del país y punto clave de comunicación entre La Habana y el Oriente de la Isla.

Los combates más cruentos se desarrollaron en la Loma del Capiro, muy cerca del lugar en el que permanecía desde el día de Nochebuena  un tren blindado que habían mandado de La Habana para reforzar las tropas oficiales que se veían superadas por las fuerzas rebeldes  en la parte oriental de Cuba.

El tren lo integraban dos locomotoras y veintidós vagones llenos de soldados y abundante y moderno material de guerra.

En la noche del 29 la emisora rebelde anunciaba la rendición de las tropas gubernamentales después del descarrilamiento del tren blindado, con lo cual era inminente la victoria del los rebeldes sobre la ciudad capital provincial.

Al despertarnos el día 30, comenzó una actividad frenética en la casa. Mi madre recogía y empaquetaba sábanas, toallas, colchonetas y algunos víveres. Mi padre se ausentó en la mañana y regresó casi de noche con la noticia de que al día siguiente, el 31 de diciembre, nos marcharíamos.

Las Tunas estaba paralizada, el ejercito encerrado en el perímetro urbano en sus cuarteles y los campos totalmente ocupados por los rebeldes. No circulaba transporte alguno.

A primeras horas del día 31, la familia emprendió la marcha. Salimos de la ciudad, a pie,  por la Carretera Central, la vía más importante de comunicación del país y que en aquellos tiempos se encontraba vacía.  Nos acompañaba un caballo prestado que cargaba los enseres  y el abastecimiento.

Al pasar frente a la Capitanía del Ejército que estaba a la salida, una avioneta despegó del pequeño aeropuerto militar y nos sobrevoló rasante un par de veces,  pero sin ninguna otra consecuencia. Después llegó el cansancio y las quejas por las molestias en los pies. A veces nos echábamos sobre el asfalto de la carretera y dejábamos avanzar al caballo y a nuestros padres para después darles alcance. Mi madre, consciente de nuestro precario estado, con una media sonrisa decía “los niños no beben alcohol”, mientras nos servía un sorbito de vino de una botella que custodiaba como el mejor combustible. Su excusa la completaba con la expresión “como es San Silvestre, estamos en una caminata de cumpleaños”.

Cuando ya habíamos caminado muchos kilómetros, lejos de la ciudad, nos da el alto una patrulla de “alzados” que pregunta donde vamos y los motivos. Todos muy nerviosos terminamos confesando que pretendíamos reunirnos con nuestro hermano en la zona liberada por ellos. El que parecía ser el jefe hace que demos el nombre y acto seguido se comunica con sus superiores y nos manda a esperar.

Una media hora después se acerca un joven risueño, con barba y pelo largo y una escopeta al hombro. Ya, a unos pasos de nosotros, le identificamos, era  nuestro hermano. Mi madre lo abraza, al igual que todos y esa fue la primera y única vez que vi lágrimas en los ojos de mi padre.

En la madrugada, cuando dormíamos apretujados en una casa en medio del campo, nos despierta la algarabía de la familia de acogida con gritos de “¡Batista ha huido, se acabó la guerra!”

MI ADIOS A FIDEL CASTRO

 

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“He venido a dar las gracias por la inmensa labor social  y de dignidad humana que la Revolución Cubana ha significado para los más desfavorecidos y explotados y también para perdonar los errores y excesos cometidos. ¡Hasta siempre Comandante!”, así escribí hoy en el libro de condolencias que la Embajada de Cuba en Madrid ha habilitado.

Solo dos veces hablé con Fidel, a finales de los ochenta, con ocasión de la publicación de las biografías de los candidatos a Diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular y la otra, por teléfono, cuando nos disponíamos a publicar un discurso suyo en la inauguración de una obra pública. A la sazón me despeñaba como subdirector del periódico Granma.

Serví con lealtad durante toda mi juventud y cuando discrepé con algunas de las políticas lo hice con honestidad y me atuve a las consecuencias. Tal vez por ello hoy he sentido una gran emoción cuando he rendido  tributo a quien me inspiró en mis ideales, con la certeza de que mis sentimientos siempre fueron sinceros e inclusivos.

De su vida y obra como guerrillero victorioso y organizador de las masas populares para echar a un cruel tirano que gobernaba a Cuba, mucho se ha escrito y esa epopeya sola sería suficiente para los más grandes honores.

Ya como estadista y protagonista de primera línea de la Guerra Fría bastaría decir que la historia del siglo XX no se podrá escribir sin mencionar su nombre.

Tal vez su punto más vulnerable ha sido la errática conducción de los problemas económicos domésticos, el desarrollo de planes a veces faraónicos y cambios de políticas y decisiones económicas que agravaron los efectos del férreo bloqueo al que los Estados Unidos le sometiera como castigo por su osadía de emprender una Revolución en sus propias narices.

De tu tenacidad, resistencia y arrojo son ejemplo los once presidentes norteamericanos que de una manera u otra trataron infructuosamente de derrocarlo. Se dice rápido, pero resulta heroico que un país pequeño, con pocos recursos naturales, a solo  90 millas de la potencia militar y económica más grande del mundo, haya podido resistir más de medio siglo sin doblegarse. Se engrandece más cuando se compara con la reacción de algunos gobernantes de grandes y distantes naciones que cuando el gobierno norteamericano estornuda, no hacen más que correr a facilitarle el pañuelo.

Fue un gran pedagogo y utilizó su encendida retórica para convencer a la mayoría de su pueblo en el ideal de resistencia, igualdad, justicia, dignidad y orgullo nacional. Esa actitud motivó mucha solidaridad tanto en América Latina como en África e inspiró a generaciones enteras con ideales de cambios progresistas.

Pero no ha sido un Dios, ha sido un hombre. Con virtudes, las más, pero también con defectos. Fidel muchas veces era capaz de ejercer una crítica feroz por malas decisiones de su propio gobierno, como si de un líder de la oposición se tratara, si embargo, su talón de Aquiles fue no crear  a su alrededor un ambiente de crítica a su propia obra. Culpa suya, pero también de la inmensa mayoría de quienes le rodearon. Su actitud  intransigente contra quienes han disentido de sus ideas, la mayoría de los cuales tiraron la toalla y prefirieron con cinismo simular o  refugiarse en la Gran Potencia hostil para que le salvaran las pestañas, explica en gran medida que en la actualidad en Cuba no haya una oposición interna como tal, sino pequeños grupos que en su mayoría militan  solo como una manera de irse de Cuba y otros participan si pueden, pero no es su principal objetivo, según acaba de decir el propio disidente  Guillermo Fariñas, a quien el Parlamento Europeo  le concedió el Premio Sájarov.

Desde hace algunos años Cuba se encuentra en un franco proceso de rectificación de muchos de los errores cometidos y lo lleva adelante con un amplio consenso social interno y en  paz.

Lo previsible y deseable es que los cambios vengan del propio pueblo cubano y de sus actuales instituciones, sin interferencias de ningún tipo, porque así lo han dicho: cambiar todo lo que haya que cambiar y modificar todo lo modificable, sin perder las grandes conquistas sociales adquiridas.

En este contexto sería deseable que Trump contenga su incontinencia verbal y mantenga el rumbo trazado por Obama para que los cubanos no se sientan amenazados y puedan seguir en su proceso de reformas y perfeccionamiento, porque una vuelta atrás solo serviría para cavar de nuevos las trincheras para más sufrimiento del pueblo cubano.

No parece justo, ni  sensato, volver a empujar a Cuba a otras alianzas estratégicas que muchos la desearían  porque solo servirían para enrarecer aun más el caliente ambiente de las relaciones internacionales.