OPINIÓN

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El Coco engañado, Matthew y Bruselas

Nunca me he sentido extranjero en España, para mí este país es como una prolongación espiritual de mi tierra. Hablamos la misma lengua, nuestra cultura es similar y sobre todo, somos como una gran familia, por todos lados encontramos parientes. Cuando llegué aquí, allá por el año 2000, me sorprendía, por ejemplo,  el oír un bolero de Benny Moré en el altavoz de un autobús, o leer un cartel en el metro, con ocasión de una campaña de promoción de la lectura,  con fragmentos de José Martí. También la gran presencia del tema cubano en los medios de prensa. En El País y El Mundo eran cotidianos los reportes especiales de sus corresponsales en La Habana. Se hablaba tanto de Cuba como de algunas comunidades autónomas, con la diferencia de que sobre Cuba cargaban más la mano en las cosas negativas. Si en Andalucía unos desalmados prendían fuego a un mendigo, seguramente encontraba la crónica en un espacio de sociedad, pero si en La Habana robaban una cartera a un paseante, la noticia encabezaba una página. Era como si la oposición al gobierno cubano se hiciera desde aquí. Llegaba un momento en que uno, como cubano,  se acomplejaba, nada bueno transcurría en su tierra. Ya podría  la Isla ser el primer país en  enviar a cientos de médicos y material de auxilio  a un país pobre ante una catástrofe natural, o los laboratorios de Biotecnología descubrir una vacuna contra el cáncer, estas noticias no llamaban la atención. Pero hay que decirlo todo. Esta tendencia cambió cuando empezó la gran crisis económica y social en la que todavía nos encontramos. España empezó a mirarse más a sí misma, a sus propios desaciertos,  a sus propios problemas y con ello la cobertura de prensa sobre Cuba comenzó a disminuir, a ser más proporcional,  exceptuando, como es lógico, cuando el boom informativo mundial por el mejoramiento de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, especialmente la visita de Obama a La Habana.

Pues bien, ahora, cuando se publica algo de Cuba lo leo con mucha avidez y entusiasmo, es el caso de la edición de ayer de El Mundo. En ella aparece una entrevista de una página con Guillermo Fariñas, encumbrado disidente cubano que ha saltado a la fama en los medios de prensa de Miami y también de España por sus ya frecuentes huelgas de hambre y por ser acreedor de un premio del Parlamento Europeo por los derechos humanos. Lo último que había leído fue sobre su patético abandono de la  huelga en la primera quincena de septiembre. Resulta que interrumpió su ayuno por una  llamada telefónica atribuida falsamente a  Martin Schulz, Presidente del Parlamento Europeo, en la que además de invitarle a visitar Bruselas le comunicaba que habían aprobado la resolución titulada “Enmienda Fariñas” de condena a Cuba por la violación de los Derechos Humanos. Imagino el  subidón de ánimo para el villaclareño, la historia le recordaría por haber logrado una enmienda en el Parlamento Europeo con su nombre. Coco, como le dicen sus allegados, se situaría a la altura de algunos tristemente célebres personajes en esto de las enmiendas, como la conocida Enmienda Platt, bautizada así en honor a su patrocinador,  el senador norteamericano Orville Platt y que fue impuesta por los Norteamericanos en la primera Constitución de la República de Cuba, bajo la amenaza de que si no la aceptaban, Cuba seguiría ocupada militarmente por los yankis. Dos situaciones distintas, pero en cierta forma emparentadas. En fin, el Coco ya tenía su enmienda y esto fue suficiente para que diera satisfacción a su estómago y pidiera un buen arroz congrí y bistec de cerdo con plátanos fritos, poco a poco desde luego, porque un estómago vacía no admite de pronto esa hartada.  Cuando Bruselas desmintió el bulo ya era tarde, nuestro personaje se reponía de su huelga y preparaba sus maletas y el discurso  para el viaje.

Hombre, Brusela no abandona a sus premiados, eso le honra. Ahora, finalmente, como para reparar el entuerto,  le han invitado para que exponga sus propuestas y agrego yo, para que se tome un descansillo que bien le vendrá a su cuerpo.

En la mencionada entrevista a El Mundo destaca su intensión de presionar a Bruselas para que exija a Raúl Castro que se reúna tanto con él como  con otros pequeños grupos opositores que en Cuba no tienen ni arraigo, ni membresía popular significativa y que aquí en España no preocuparían ni al más pequeño de los ayuntamientos. Esto de buscar presión externa contra los Castro no funciona, está demostrado. La experiencia de los americanos es reveladora. Más de cincuenta años presionando, bloqueando a un país entero, incluso con amenazas y acciones militares y nada. Sin embargo, un apretón de manos entre Castro y Obama, en el funeral de Mandela y las  negociaciones que siguieron, dentro de un estricto respeto mutuo han llevado, entre otros resultados, a que un presidente Norteamericano se dirija en directo por radio y televisión a toda Cuba. Habló de  todo lo que quiso. Derechos humanos, libertad de prensa, de asociación y más. Es un privilegio que nunca tuvieron sus diez antecesores en la Casa Blanca.

Y digo yo, sin maldad, no resultaría más útil para este activista de los derechos humanos  incorporarse a las tareas del voluntariado en Guantánamo. O es que no se ha enterado de las afectaciones del ciclón  Matthew en las  provincias orientales de Cuba. En toda una página de entrevista no menciona una palabra de esta calamidad colectiva.  Al  menos una actuación de ese tipo le serviría para darse a conocer en su país, donde no le conoce ni El Tato y de paso, con un poco de suerte, podría coincidir  con Castro, que lleva semanas allí en esas labores. A lo mejor así logra la  foto dándole la mano. Es una idea.

 

 

 

Cuba Internet Freedom: Acción y reacción.

Por mucho que nos ilusionemos con un posible fin del enfrentamiento entre Cuba y los Estados Unidos, que tenga como resultado el mejoramiento de las condiciones económicas y de libertades civiles de los cubanos, los hechos nos vuelven a la tozuda realidad. Hace apenas unas semanas, en la otra Cuba, esa que reposa en Miami, se llevó a cabo el “Cuba Internet Freedom”, una actividad auspiciada nada menos que por la “Oficina de Transmisiones hacia Cuba” (OCB),   institución pública estadounidense encargada de administrar la Radio y TV Martí, que trasmiten hacia Isla con el propósito declarado de crear  un estado de opinión que propicie un cambio de régimen en ese país.

Pues ahí, bajo ese paraguas,  se convocaron  innovadores digitales, activistas y periodistas que trabajan o colaboran con agencias y periódicos que circulan en la Red, a menudo muy críticos y beligerantes con el gobierno cubano.

Desde luego, no hay que ser muy avispado para imaginar que las ponencias y temas tenían como objetivo el perfeccionar el uso de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones en función del pretendido cambio de régimen de La Habana. Y esto es pólvora, pura y dura, en este conflicto de más de 50 años.

La respuesta no se hizo esperar. Ante la acción, la reacción. Esa es y ha sido siempre la dinámica en las relaciones de estos dos países. Muy simple, el fuerte ataca y el pequeño se defiende. David y Goliat.

Entre el 22 y el 26 de este mes, el periódico oficial de Cuba ha arremetido con vehemencia,  tanto contra el evento, como con los profesionales cubanos que de alguna manera colaboran con esos medios digitales, al extremo que concluye que “La densa red de medios y redes sociales tejidas en torno a Cuba con aliados internos y colaboradores, gente que un día es capaz de escribir en la prensa popular revolucionaria, en Granma, Juventud Rebelde, u otros y al siguiente en la prensa enemiga; gente capaz de negar lo que afirmaron con fuerza horas antes, por conveniencia; gente que piensa y escribe según el dictado de quien le pague más; gente que escribe para medios privados al servicio del capital, tiene un único fin, desacreditar al Estado revolucionario, debilitar los pilares que sostienen la institucionalidad de la Revolución”. Ya está, no se distingue a nadie, escriban de béisbol, de ballet o de cine, si escriben para esos medios, ya están ubicados en su sitio, pertenecen al otro bando.

Es conocido que durante el actual gobierno de Obama, a la par que se habla de un mejoramiento en las relaciones con Cuba, cada  año se asignan decenas de millones de dólares para gestionar las actividades que dirige la Oficina de Transmisiones hacia Cuba, por ejemplo, este año el presupuesto se elevó a 30 millones de dólares, cifra superior a los años precedentes.

Ante este contrasentido, me hago algunas preguntas muy simples: qué logran los Estados Unidos con propiciar estas actividades, qué resultados obtienen, seguirán creyendo que van a provocar una democratización en Cuba a punta de pistola. Lo más dramático es que acciones de este tipo, en vez de  favorecer la apertura informativa, provocan el fortalecimiento de las doctrinas más  cerradas y dogmáticas que aún persisten en un sector importante de la dirigencia cubana. Corresponde a los propios cubanos, los profesionales de estos sectores, con sus críticas, sus exigencias los que tendrán la responsabilidad y el deber de hacer las correcciones que los nuevos tiempos políticos y los avances  tecnológicos demandan. Todo lo que dificulte, o ponga en duda, el ejercicio pleno de la soberanía nacional solo servirá para mantener el statu quo en la Isla, o tal vez para agravarlo.