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Al fin se acaba este fatídico año y escribo este post para expresar la más alta admiración por el desempeño del sistema sanitario cubano en su lucha contra la pandemia que ha enlutado a toda la humanidad en este 2020.

Los datos son elocuentes, en Cuba se han infectado algo más de 11 mil seiscientos personas, de las cuales 10 mil se han recuperado y 145 han fallecido.  Los que vivimos en el extranjero somos testigos de las impresionantes cifras de infectados y muertos, la saturación de los servicios públicos de sanidad en que hemos estado inmersos y no podemos menos que sorprendernos por lo bien que se ha gestionado la pandemia en Cuba. A estos datos hay que añadir el desarrollo de cuatro candidatos vacunales, ya en fase investigativa muy avanzadas y con muy buenos resultados, por lo que podemos esperar que muy pronto será una realidad que toda la población esté vacunada. Honor a los médicos, al personal de enfermería, a los auxiliares y a todos los que han hecho posible esta baja incidencia y baja mortalidad. Un sitial especial para los científicos y los extraordinarios institutos y centros de investigación que tan alto ponen el listón a cualquier país subdesarrollado y cruelmente bloqueado, como es Cuba.

A los médicos y personal sanitario de España hemos rendido homenaje desde lo más duro de la pandemia con aplausos desde el balcón, pero no quiero que termine el año sin hacerlo humildemente a nuestros compatriotas.

También está presente, en estos párrafos de gratitud, el personal médico cubano que ha prestado servicios en el extranjero en esta pandemia. Y aunque la labor de la medicina cubana en el extranjero ya es una tradición de muchas décadas, reconocida especialmente en países pobres de África, también en el Caribe y Latinoamérica, ante esta pandemia su labor ha sido notable.

Algunos critican las condiciones salariales en que salen las misiones medicas al exterior y aunque posiblemente en algo tengan razón, la mayoría de las veces se politiza para arremeter contra todo lo que huela a solidaridad y altruismo. Es verdad que algunos profesionales han abandonado esas misiones para establecerse en el extranjero, lo cual humanamente es comprensible por la situación económica que viven en su país y las oportunidades que encuentran en el extranjero. De todos modos, en honra y comprensión de esos profesionales, sería justo decir que cuando se está fuera del terruño y uno se enferma, no hay nada más consolador que encontrar a un médico cubano en una consulta. Se nota una sensibilidad especial del profesional humilde, bien preparado, generoso, empático y lo primero que nos viene a la mente es una agradable sensación de estar a salvo.

Fuerza a Cuba, a sus médicos y sus científicos. Pronta recuperación a los enfermos y el eterno recuerdo a los que han fallecido por esta maldita pandemia.