En estos días fue muy comentado en las redes sociales un Tweet del doctor Eduardo López-Collazo en el que reivindicaba el rol de los inmigrantes en la sociedad española, como respuesta a la presidenta de la Comunidad de Madrid que poco menos culpaba a los inmigrantes por su modo de vida como causantes de la amplia difusión del coronavirus en los barrios humildes de la capital. Su Tweet decía: “Soy un inmigrante, dirijo uno de los centros de investigación más importantes de la CM (Comunidad de Madrid), he escrito un libro para que entendamos la Covid-19, dirijo un proyecto para acabar con la pandemia, soy un defensor de la mascarilla… ¿algo que objetar sobre mi modo de vida?” 

Me pareció tan sugerente la respuesta que me puse a indagar sobre el autor. Es cubano, afincado en España, físico nuclear, doctor en Farmacia, investigador y divulgador científico. Graduado en las universidades de La Habana, la Complutense de Madrid y con estancias postdoctorales entre otras, en centro de muy alto nivel científico en Alemania, en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España y en Estados Unidos. Desde hace siete años es Director Científico del Instituto de Investigación del Hospital Universitario La Paz, uno de los más grandes de Madrid.

Con toda esta información no pude resistirme a entrevistarlo para cubaclaroscuro.com y aquí les dejo lo que me ha dicho. No incluyo mis preguntas, quiero aprovechar el espacio con sus respuestas:  

“Soy de un pueblo llamado Jovellanos, sí, igual que el humanista y filósofo asturiano. Pero en realidad, y esto casi nadie lo sabe, nací en Matanzas que es la capital de la provincia donde se encuentra el pueblo donde crecí. Mis primeros años transcurrieron allí, es un sitio medio perdido de la geografía cubana con mucho polvo “colorao” al que yo era alérgico ¡Te puedes imaginar! En Jovellanos soñaba constantemente, leía como un endemoniado, monté un laboratorio en el cobertizo que teníamos en casa y un observatorio en la azotea. Maté a un centenar de lagartijas en fallidos intentos de hacer un trasplante de corazón, construí un sistema para encender y apagar la tele a distancia… y así, hasta que terminé los estudios secundarios y pude irme a La Habana a estudiar Física Nuclear.

“Mi inclinación por la ciencia no fue una inclinación… nací ya orientado (risas). Contaba mi madre que a los ocho años dije claramente que estudiaría Física Nuclear. El primer libro que me leí, a una edad que no te voy a decir porque no me creerás, fue una biografía escrita para niños de Madame Curie. Creo que aquello me marcó de por vida. Luego vinieron otros referentes: Albert Einstein, Darwin… Mas todo no fue ciencia en mi infancia y juventud jovellanense, como te dije, leía como un condenado y eso me abrió los ojos a un mundo diferente, al arte, la historia y, principalmente, a la literatura. Empecé a escribir y desde entonces no he parado de hacerlo. Debo decirte que todo esto fue posible por la existencia de una persona: mi madre. Crecí en una familia sin grandes recursos intelectuales, pero ella me proporcionó los medios para que yo buscara, investigara, rompiera el cascarón. Todo eso envuelto en un amor infinito. ¿Sabes que hasta su muerte me escribía un diario que mandaba cada semana con una rosa amarilla por correo? 

“Cuando cursaba el tercer año de la carrera, hablo de Física Nuclear, tuve una crisis de identidad. Hasta el momento habría creído en el proyecto de país que tenía Cuba. Reconocía sus defectos, pero los minimizaba frente a las virtudes. Estudiar filosofía en la universidad me hizo pensar que algo fallaba entre el relato y la realidad. Me percaté que aquello no tenía sentido para mí, que el “hombre nuevo” no existía. Entonces apliqué la máxima de un escritor que se usó para una serie popular cubana “en silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”. En ese momento vi con claridad que mi futuro no estaría en la isla metafórica que es Cuba. Luego las cosas se precipitaron, me gradúe, tuve problemas para encontrar trabajo porque se me ocurrió defender una injusticia, luego me dieron trabajo, logré salir con una beca española y, al abandonar el aeropuerto habanero, sabía que no regresaría más.

“Mi experiencia ha sido magnífica aquí, quizá esto vino ayudado por el hecho de que mi pregunta inicial fue: ¿Qué puedo aportar yo a España? e inmediatamente España empezó aportarme cosas maravillosas: posibilidades de formación, una cultura rica, libertad de pensamiento y acción… Llevo más de la mitad de mi vida en este país. Ya soy uno más y me permito criticarlo para que sea mejor. No es perfecto, está lejos de serlo, pero es magnífico. 

“Me fui de Cuba hace 26 años. Desde entonces, dejé de vivir allí. Vivo aquí. Me sigo informando de lo que ocurre, pero no estoy obsesionado con la evolución de la isla. Me hicieron la vida imposible muchas veces. Para poder seguir adelante, felizmente, mi receta fue alejarme. Si alguien no te quiere como eres, si alguien no quiere que aportes lo que sabes y puedes… ese alguien no se merece tu atención. Por supuesto que vivo orgulloso de mis raíces, de mi origen… me gusta bailar, me encanta la literatura que se pare en aquel sitio, el arte que se genera y hasta ahí llego.

“Me propongo seguir investigando en metástasis y sepsis… y si cae el Nobel, bienvenido sea (risas). Continuaré estudiando, ahora me ha dado por aprender chino. Proseguiré escribiendo, ya llevo tres libros y he empezado el cuarto, todos son de divulgación científica, pero la novela llegará. Seguiré aplicando mi máxima, la forma que define mi cubanía: “… ser cubano significa no dar importancia a los obstáculos, los saltas y se acabó el drama” 

Hasta aquí la entrevista.

Como es natural, la percepción de la realidad cubana dentro de la emigración es muy diversa, también los motivos y el destino de cada cual. En esto comprendo muy bien a Eduardo en su amor por El Principito, del que colecciona ediciones en más de 200 ejemplares en varios idiomas, tal vez para responder, con su experiencia vital, que las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya.