En el 2002, el gobierno de los Estados Unidos acusó a Cuba, a través del entonces subsecretario de Estado, John Bolton, de fabricación de armas biológicas, poniendo en duda un pionero programa de desarrollo de la industria de biotecnología y farmacéutica que impulsaba la Isla caribeña. La acusación condujo a que Fidel Castro invitara al ex presidente Carter a visitar las instalaciones científicas que quisiera para que comprobara que tal acusación era falsa. Al cabo de casi dos décadas, ya sabemos las armas biológicas que se gestaban en Cuba: una poderosa industria biotecnológica y de ciencias farmacéuticas, capaz de desarrollar en tiempo récord, a la par que los grandes países desarrollados, un proyecto de vacuna para combatir la mayor pandemia que ha sufrido la humanidad en un siglo. Tiene mérito que un pequeño país subdesarrollado, envuelto en una aguda crisis económica, sea capaz de hacer tal contribución en este crítico momento que vivimos.

En Cuba existe una cobertura universal de vacunas que se producen casi todas en el país. Es el Instituto Finlay de La Habana,  la organización científica encargada de su investigación y producción y solo en él laboran mil trabajadores de alta cualificación.  También, existe el Centro de Inmunología Molecular que acumula más de veinticinco años de experiencias en la producción de anticuerpos monoclonales y producción de proteínas complejas para estos medicamentos. Para señalar solo algunos productos desarrollados mencionamos la vacuna terapéutica Cimavax-EGF, contra el cáncer de pulmón avanzado de células no pequeñas; vacunas contra la meningitis; el Anticuerpo Monoclonal Humanizado (Cimaher) para tratar neoplasias de cabeza, cuello y cerebro (en niños y adultos), esófago y páncreas; el Epocin, para tratar la anemia asociada a la insuficiencia renal crónica. Algunos de estos fármacos son muy novedosos y únicos en el mundo.

Ha sido justamente la experiencia acumulada y el talento y la dedicación de los científicos lo que le ha permitido a Cuba estar entre los 30 primeros proyectos de vacuna contra el Covid-19 y el primero de América Latina y el Caribe que recibe una autorización para ensayos clínicos, que ya han comenzado esta misma semana.

Vicente Vérez Bencomo, Dagmar García Rivero, Yuri Valdés Balbín, los tres líderes de este candidato de vacuna, así como sus colaboradores e instituciones de apoyo se agregan con letras de oro a la lista de científicos cubanos que desde el epidemeólogo Carlos J. Finlay (1833-1915), han hecho contribuciones muy notables a las ciencias médicas.