colas Cuba virus

Sin abundar mucho en datos se puede afirmar que la crisis del coronavirus en Cuba ha sido gestionada, hasta ahora, con un éxito incuestionable. Un país subdesarrollado que atraviesa una profunda crisis económica ha logrado contener el virus y exhibe unos resultados verdaderamente notables. De sus casi once millones y medio de habitantes han contraído la enfermedad algo más de 2 mil quinientas personas y no llegan a 90 los fallecidos. Esto quiere decir que por 100 mil habitantes ha habido 0,76 fallecidos y 21 casos confirmados. Los que lean estas notas en España podrán tener una referencia con lo ocurrido aquí, donde los datos reflejan que hasta el presente suman 60 los muertos por cada 100 mil habitantes y 542 casos confirmados por igual cantidad de población.

Nada que ver el impacto humano de la pandemia en Cuba con lo que está ocurriendo en la mayoría de países de su entorno. América está siendo el epicentro de esta calamidad mundial, por ejemplo, los Estados Unidos, Brasil, México, Perú, Ecuador, Chile, Bolivia reportan millones de infectados y miles de muertos. El pequeño país subdesarrollado y bloqueado comercialmente, da un ejemplo de correctas políticas sanitarias, científicas y sociales, mientras la potencia más grande del mundo, Estados Unidos, se desgasta al hacer todo lo contrario.

El gobierno de Díaz-Canel ha salido reforzado de esta gestión y es la más grande  demostración de que las instituciones cubanas son capaces de retos de esta envergadura en la era post Fidel y, casi ya, post Raul Castro.

Se acaban de anunciar en La Habana una batería de medidas encaminadas a continuar con las reformaras del sistema económico de la Isla que emprendió Raul Castro hace más de 10 años y de ahí la pregunta que da título a este artículo. De verdad las autoridades cubanas llevaran a cabo, esta vez, las reformas que demanda la economía de Cuba y que hasta ahora solo aparecían de los documentos partidistas que tantas y tantas veces han sido reclamadas por la población. Hasta ahora las escasas transformaciones se han aplicado a regañadientes, por coyunturas más asociadas a la política internacional, básicamente a los vaivenes de los norteamericanos, que por una sincera convicción de que el sistema económico estrictamente centralizado, burocrático, sin apenas participación de la pequeña propiedad privada, no funciona. Las autoridades cubanas, paladines de la auto determinación y la independencia, con este comportamiento han caído en lo contrario que predican. Se vio con Obama, ante la flexibilización del embargo, la respuesta cubana fue un tímido crecimiento del sector privado. Pero Cuba, aunque mire de reojo lo que ocurre en la política norteamericana debería asumir las reformas con todas sus consecuencias, no por lo que haga o deje de hacer su poderoso vecino, sino  por lealtad a su pueblo y en respuesta a las necesidades del país. Tal vez estemos en este escenario.

Como soy un optimista patológico, mi respuesta es que sí, Cuba emprenderá ahora profundas reformas económicas. Aunque reconozco que puedo equivocarme. Hace casi veinte años, después de la desaparición del campo socialista y la caída de URSS, expresé, como tantos otros militantes comprometidos, estas ideas. Entonces por decirlo y hacer otras críticas, me echaron del partido al que había dedicado toda mi juventud y entre otras consecuencias, no pude viajar a Cuba durante siete largos años. Pero nada me ha hecho cambiar de opinión, la Isla puede y debe reformar su sistema sin renunciar a su obra social, hacerlo más tolerante, democrático y sostenible. La Mayor de las Antillas no puede seguir sin hacer los cambios económicos que necesita para entrar en una senda de crecimiento y prosperidad. Lo contrario es prolongar el sufrimiento de una población que ha resistido como pocas por mantener sus ideales y sus anhelos.