Disfruto al navegar por Internet buscando una imagen, un audio, un vídeo que recuerde la Isla que dejé un día pensando que pronto regresaría. Es mi socorrido  recurso para mantener la ilusión de la vuelta. En este paseo por la Red, a veces lo que encuentro me enorgullece y dignifica, otras me deprime. Hoy, por ejemplo, vi un título excéntrico y seguí el enlace que me llevó a un canal de un “Youtuber” que hace su sketch travestido, encima de una bandera cubana en una calle de Madrid. Lamentable caricatura de performance de las que utilizan algunos de los grupos disidentes para promover su existencia y buscar seguidores a cualquier precio.

Por lo que he leído, en este caso se trata de un recién llegado de la Isla que intenta hacerse un hueco dentro del ya agotado mercado del panfleto en esta plaza. Forma parte de la lucha por el pastel que proviene presumiblemente de los abultados presupuestos de la llamada Fundación Nacional para la Democracia de los EEUU y de sus socios en este Reino Ibérico. Buen negocio para “listillos” que hacen caja parapetados detrás de “ideales libertarios”.

No dudo que en esta frágil y dividida telaraña de opositores al sistema político cubano pueda haber algún patriota, alguien que sinceramente desee lo mejor para nuestra patria, pero desde luego nunca sería un triste y vulgar personaje como este.

No se puede pedir libertad y respeto  desde la humillación de símbolos  que no pertenecen a nadie en particular  porque son la expresión del alma de la nación cubana, sin partidismos ni ideologías.