Hispanoamerica

Después de la debacle del Partido Popular en las últimas elecciones generales de España, su inspirador mayor, el ex presidente Aznar, ha reaparecido en Paraguay, no precisamente para reflexionar qué le ha ocurrido a la derecha española, como sería de esperar, sino para pedir y justificar una intervención en Venezuela. Es lo que le faltaba al “oráculo”, que por lo visto le parece poco su apoyo descarado a la guerra de Irak que tuvo consecuencias devastadoras y que ahora incentiva a repetir en Latinoamérica.

No soy precisamente un defensor entusiasta de Nicolás Maduro, como gobernante, nunca lo he sido. Creo que al desaparecer Chávez, pudo asumir el liderazgo alguien más preparado para tamaña responsabilidad, con una mejor proyección estratégica y conceptual del movimiento político que nació como consecuencia del fracaso del sistema neoliberal, injusto y corrupto que imperaba en la hermana Venezuela. Pero la política abusadora, prepotente y equivocada de los Estados Unidos están agigantando a Maduro a niveles de convertirlo en un referente de la resistencia de los débiles contra los poderosos y borrar con ello, los errores y carencias del gobernante chavista.

Desgraciadamente para la humanidad, la potencia más grande del mundo ha caído en manos de un desequilibrado que considera todo como un espectáculo de exhibición de fuerza y poder, sin ningún otro valor político ni moral. Tal vez desde la tauromaquia se podría comprender el pensamiento tan primario de Trump. El Presidente Norteamericano es como un toro de lidia y punto. Cuando se mueve algo delante sus ojos, sin detenerse a analizar ni causas, ni consecuencias, se lanza sobre el capote y embiste, o al menos amenaza con hacerlo.  Si él y los que le aconsejan repasaran las lecciones de la historia de Latinoamérica actuarían distinto.

Contrario a lo que dice Aznar, el führercito (como lo bautizó Fidel Castro),  una intervención en Venezuela es la que podría producir un efecto “contaminante” en todos los países, especialmente en Latinoamérica.  Remember las políticas contra la Revolución Cubana en la década del 60 del siglo pasado que empujaron a la Isla hacia el bloque soviético y con ello el recrudecimiento de la Guerra Fría y a la crisis de los misiles que puso a la humanidad al borde del abismo.

Es momento de exigir claramente, como está haciendo la Unión Europea, Rusia, China, Cuba y muchos otros países, que la solución del conflicto venezolano hay que obtenerla desde la paz, sin intervención extranjera y con el protagonismo fundamental únicamente de los venezolanos.