bohio cubano

Hay pequeños hechos que nos marcan el sentido de la vida. Apenas con cuatro o cinco años, a la grupa de un caballo, cabalgaba en busca de mi hermana recién casada y de la cual me parecía imposible separarme. Caía lentamente el sol y la noche permitía ver a un lado y otro del camino las luces centelleantes de las humildes casas campesinas. Me inquietaba la demora en llegar y el jinete, mi insuperable cuñado, me consolaba con un recurso muy sencillo: -ves aquella lucecita, allá a lo lejos….pues ahí está la casa de tu hermana.

Llegábamos al lugar señalada y repetía el piadoso engaño, una y otra vez. Así, hasta la media noche en que por fin nos encontramos con mi hermana.

A lo largo de la vida siempre he tenido en el horizonte una pequeña luz a la cual llegar, un punto que conquistar.  Tal vez esta experiencia es la metáfora de mi vida.  Siempre hay que ilusionarse y luchar por alcanzar la luz que tenemos en el horizonte y no cejar hasta llegar a ella y después, otear donde se encuentra otro punto de luz para hacer lo mismo. Lo aprendí buscando a mi hermana.