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La discusión popular del nuevo proyecto de Constitución es el principal acontecimiento político de Cuba en estos días. Un proyecto que será sometido a referéndum el próximo mes de febrero.

Son muy variadas las opiniones, tanto favorables  como en contra y también muchas sugerencias de modificaciones las que se pueden leer en la prensa, aunque, para no faltar a la costumbre, los medios de difusión oficiales de la Isla solo dan una cobertura bastante descriptiva del desarrollo de las asambleas en las que se analiza el proyecto, sin apenas espacios de debate y digo debate, no solo de exposición de los contenidos  y elogios, sino de contraposición de ideas. Se echa de menos una labor más didáctica,  con argumentos de defensores y detractores de los postulados propuestos.  Con la excepción de algún medio digital no oficial, que podría ilustrar una forma de abordar la temática más profesional e interesante. Particularmente me ha llamado la atención lo difundido en la plataforma digital El Toque https://constitucion.eltoque.com/; https://eltoque.com/juristas-responden-preguntas-cambios-proyecto-constitucion-video/.

En este comentario solo voy a fijarme en un ángulo general del nuevo proyecto y dejo para otro momento opiniones sobre lo expuesto en el  contenido del articulado.

Preparando estas notas encontré unas reflexiones sobre el tema del control del cumplimiento de la Constitución que a continuación resumo: “Una de las cosas que nos preocupa y que debe ser de una preocupación perenne, es que […] la Constitución que nosotros hagamos se cumpla rigurosamente. No podemos tener o aprobar uno solo de esos preceptos que no se aplique rigurosamente. […]La Revolución no puede crear una Constitución, no puede crear instituciones, no puede crear principios que no se cumplan…Por eso es nuestro propósito una vez que se haya aprobado esta Constitución, luchar consecuente y tenazmente, para que cada uno de los preceptos de esa Constitución se cumplan; que nadie le pueda imputar a la Revolución jamás, de que acordó leyes y principios que después no se cumplieron”. Fin de la cita.

Esas son palabras de Fidel Castro con ocasión de la Constitución de 1976, la que justamente se está proponiendo modificar ahora. Sin embargo, al repasar el contenido de este proyecto podemos observar que varias de sus disposiciones evidencian  en sí mismo que la Constitución precedente no fue observada en muchas decisiones que fueron adoptándose sobre la marcha, sin un respaldo constitucional que los avalara y esos hechos no han tenido ninguna consecuencia.

Este proyecto de Constitución empieza con una definición a mi juicio esencial, la de ser un Estado de Derecho Socialista, es decir con supremacía constitucional, pero  no contiene un mecanismo de control que garantice que sea respetada y desarrollada escrupulosamente. Cuba necesita un Tribunal Constitucional, no solo como garantía para la convivencia, sino también para borrar definitivamente la improvisación. Si otros estados, con sociedades disciplinadas, estables durante  largos periodos históricos, con una cultura jurídica consolidada,  disponen de esos mecanismos, mucho más se justifica  en Cuba que  ha vivido durante más de medio siglo un proceso político que ha modificado de raíz el sistema político establecido desde su fundación como República.