Las autoridades cubanas han anunciado que facilitarán la participación de los emigrados cubanos en el proceso de discusión de la Constitución que finalmente será sometida a referéndum. Es una decisión justa y demuestra el interés del gobierno cubano en desarrollar unas relaciones creadoras con su emigración en el extranjero. Cabe esperar la participación activa de quienes estamos fuera de nuestro país y que seguimos manteniendo el amor por nuestro pueblo, el deseo sincero de que Cuba encuentre su propio camino, en paz y basado en los principios de independencia, soberanía, libertad, igualdad, pluralidad y tolerancia.

La emigración cubana es muy variopinta, desde los primeros que abandonaron el país por su participación criminal durante la dictadura de Fulgencio Batista, seguida de una amplia masa de grandes propietarios afectados por las nacionalizaciones de sus propiedades, hasta oleadas posteriores de gentes inconformes por la implantación del sistema político que desarrollaba la Revolución, o quienes simplemente buscaban, y buscan, un horizonte personal de prosperidad que no avizoran dentro de su país de nacimiento. Contando también a los que, como ha sido común en el mundo, emigran por razones personales y sentimentales.
Todo este proceso ha sido doloroso y ha traído mucho sufrimiento en la familia cubana. Ya es hora de pensar en el futuro, en ese futuro de paz y bienestar que deseamos para la Isla Verde, que a todos pertenece. Participemos con nuestras opiniones, expresemos la Cuba que soñamos para nuestros hijos, nietos y todos aquellos que siguen allí, o sueñan volver.

La Cuba del futuro no se podrá construir robusta sin la reconciliación entre los cubanos, de dentro y de fuera. El potencial económico y cultural de la emigración puede ser trascendente si se encuentran causes sólidos para su participación en los planes de futuro del país y eso debería estar muy bien desarrollado en la constitución que surja de este proceso.