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Según el proyecto de nueva Constitución de Cuba, recién aprobado por la Asamblea Nacional y que se someterá a referéndum próximamente, se instauran los cargos de Presidente de la República y de Primer Ministro, tal como existió a lo largo de la historia republicana de la Nación. Ya en 2016 se había traslado la sede del parlamento al Capitolio Nacional, lugar que ocupaba el poder legislativo antes de 1959. Pudiera parecer que son simples cambios de forma dentro de ese fenómeno social que se llama Revolución Cubana, pero es mucho más. El proyecto de Constitución lo componen 224 artículos. De la actual Carta Magna fueron modificados más de 100, eliminados 11 y nuevos, casi 90. Es un cambio en profundidad.

Revisando los aspectos más destacados por la prensa a día de hoy, se podrían formular varios titulares, empezando por la limitación del tiempo para ejercer los cargos públicos más relevantes, solo dos períodos de cinco años consecutivos. El Presidente debe llegar a serlo antes cumplir los 60. Este es un cambio trascendente en un país que ha mantenido a sus principales líderes en cargos de gobierno durante décadas, muchos ya con edades que superaban los 75 años y más, el mayor ejemplo fue el propio Fidel Casto que se mantuvo frente al gobierno casi 50 años.

El proyecto de Constitución incluye el reconocimiento del mercado y como forma de propiedad agrega la privada. En la constitución actual solo se reconoce la propiedad estatal y la cooperativa agrícola. La propiedad privada fue eliminada prácticamente como término jurídico y económico en 1968, durante un lamentable proceso de nacionalizaciones de la pequeña y mediana propiedad privada, conocido como Ofensiva Revolucionaria.

La palabra comunismo no aparece en el nuevo texto, contrario a lo ocurrido en la de 1976. Dice ahora que el propósito trazado como política de estado es un “socialismo próspero y sostenible”. Otro aspecto muy significativo que contiene este proyecto es la definición de matrimonio como la unión entre dos personas, dando pie a la posterior legalización del matrimonio homosexual. En lo social esta medida es extraordinaria si tenemos en cuenta el historial de homofobia y machismo que ha estado presente en la sociedad cubana, posiblemente desde la etapa colonial del país y que tuvo su clímax en los primeros años de la Revolución, cuando se aplicaron políticas extraordinariamente severas contra homosexuales, entre ellos varios conocidos intelectuales.

En lo relativo a los derechos civiles y políticos no hay grandes titulares, reafirma que el Partido Comunista de Cuba es la fuerza dirigente superior de la sociedad, no parece suficiente que sea el único legalmente reconocido, sino que además se le atribuye ese poder tan general y hasta abstracto que lo sitúa como una fuerza sobre natural, por encima de cualquier otra consideración. Por otra parte, resulta contradictorio cuando en otra parte del texto se habla de que “la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado. Ese poder es ejercido directamente o por medio de las Asambleas del Poder Popular y demás órganos del Estado que de ellas se derivan, en la forma y según las normas fijadas por la Constitución y las leyes”. El enunciado del Partido se mantiene intacto al que existía en la mayoría de los países del bloque socialistas de Europa y la Unión Soviética y otros países afines en el siglo pasado.

No obstante, aún sin haber leído el texto completo, la conclusión que se puede extraer de estos cambios constitucionales en Cuba es que es un paso hacia adelante en lo que han llamado la actualización de sus políticas, reflejado con bastante fidelidad en el ultimo congreso del Partido, conocido con el largo título de “Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista” Ese documento, sin ser un análisis crítico del pasado, sí es una buena fotografía y diagnostico de la situación actual del país en los sectores vitales, las problemáticas sociales, sus contradicciones y los retos a corto y largo plazo.

Otras transformaciones deberán producirse para hacer verdaderamente “sostenible” el socialismo al que aspiran. Una de ellas y posiblemente de las más significativas, deberá ocurrir en el seno del propio partido gobernante, en su política y en su renovación. Probablemente sea este el último compromiso de Raúl Castro para con la historia, después de haber impulsado sostenidamente la reorganización del Estado y la discreta reforma económica en marcha.

Tanto Fidel, como Raúl, en las ultimas décadas, han delegado la dirección cotidiana y operativa del partido en un médico guerrillero de la Sierra Maestra que ya tiene 87 años y que ha dirigido la organización con mano dura, aplicando las concepciones más dogmáticas del sistema, cerrado a cualquier ejercicio crítico de fondo, incluso los provenientes desde posiciones revolucionarias. Si el partido está tan comprometido con la sociedad como se proclama, es tiempo de que esa organización se dinamice y juegue un papel más creativo, ilusionante y moderno.

Cuba no puede seguir atrincherada, a merced de los vaivenes de sus relaciones exteriores y mantenerse en el inmovilismo en su vida política interna. Es cierto que los pequeños grupos de disidencia existentes no son aceptados por la población por su conocida dependencia ideológica y económica al servicio de los intereses de quienes les pagan, es decir los norteamericanos, pero esa no es una excusa para que no se permita la existencia de otras asociaciones civiles no gubernamentales, independientes de las organizaciones de masas claramente seguidoras de las políticas oficiales, al igual que el naciente movimiento de prensa digital, de modo que faciliten a los ciudadanos expresarse con seguridad y legítimamente sobre los diversos asuntos que le conciernen.
Esperemos que para esto no tengan que transcurrir tres años, cuando se produzca el VIII Congreso del Partido y que antes, además de implantarse y respetarse lo proyectado, lleguen cambios de más calado.