RamblaLos actos bárbaros de fanatismo terrorista ocurridos en Cataluña me provocan una asociación inevitable con hechos similares, tal vez por la proximidad afectiva que tengo con estos lugares. Recuerdo con nitidez el derribo de un avión de la línea aérea cubana provocado por bombas asesinas, el 6 de octubre de 1976, en el que perecieron 73 personas inocentes, entre ellas, el equipo nacional juvenil de esgrima en su viaje de regreso a Cuba, después de haber ganado todas las medallas de oro en el Campeonato Centroamericano y del Caribe. Guardo la imagen de aquel millón de personas que se congregó en la Plaza de Revolución de La Habana en absoluto silencio, en memoria de las víctimas.

Otro momento de conmoción fue el 11 de marzo de 2004 en Madrid, cuando explotaron bombas en cuatro trenes de Cercanías, ocasionando la muerte a casi 200 personas y alrededor de dos mil heridos. Ahora, ha correspondido a Cataluña este  17 de Agosto, con el doble atentado de Barcelona y Cambrils, que ya suman 14 fallecidos y más de 100 heridos.

Atocha, en Madrid; La Rambla, en Barcelona y la Plaza de la Revolución en La Habana, conservarán para siempre en nuestra memoria colectiva la imagen del terrorismo como expresión de lo más retorcido, desalmado, cruel y aberrante del fanatismo humano.

Desgraciadamente no son solo éstos los puntos rojos que marcan en el mapa mundial  la herida de esta perversidad, no podremos borrar las imágenes de atentados como los perpetuados en Las Torres Gemelas de Nueva York, Londres, París, Niza y tantos otros que va siendo difícil enumerar sin cometer olvidos.

Justicia, firmeza, paz, convivencia  y castigo, no hay otra cura.