1ro de-Mayo-

El 1 de mayo, en La Habana, rompiendo el cordón de seguridad de la cabecera de la manifestación central por la fecha, un hombre desplegó una bandera de los Estados Unidos e intentó marchar con ella frente a los participantes. Fue todo un símbolo, alguien que quiere que otro Estado domine el suyo. Muy simplón. Lo paradójico es que detrás de la cabecera del desfile, miles y miles de otros cubanos portaban carteles con ideas totalmente opuestas.

Así es el comportamiento de estos “opositores” al castrismo que ya tienen un sitial asegurado en los medios de difusión, principalmente de Miami. ¿Pensarán que con esas acciones podrán derrotar a Raúl Castro? Vaya broma. Si van por ahí, como siguen haciendo aún después de todo el proceso de relativa normalización de relaciones entre ambos países, están derrotados antes de empezar. Esto explica el por qué estas personas y algunos pequeños grupos que dicen ser la oposición al sistema no tienen ningún arraigo en la población. Solo son visibles, sobre todo para los medios de prensa de Miami,  cuando las fuerzas de seguridad, actuando con bastante torpeza se prestan para convertirlos en noticia. Por ejemplo, las llamadas  Damas de Blanco, un puñado de señoras que de vez en cuando reciben su cheque o algún viajecillo al extranjero de una mano oculta que quiere mantener vivo este juego.

Las autoridades saben perfectamente que estos individuos no son ningún peligro. El peligro para el sistema no son unos cuantos descerebrados que sin pudor coquetean con representantes de Estados Unidos para buscar fama y con ello algunos fondos que ese gobierno dispone para tales fines. Esa gente no tiene ninguna perspectiva en la gran masa del pueblo cubano. El peligro para el sistema proviene de la prolongación de las carencias materiales, de la lentitud en la aplicación de mediadas que dinamicen la economía doméstica y particularmente de la necesidad de ilusionar a los jóvenes con un proyecto que les despierte el sano y humano deseo de prosperidad y bienestar sin tener que recurrir a la emigración para alcanzarlo.

Es la segunda vez que Daniel Llorente llama la atención a los medios de prensa internacional exhibiendo provocativamente la bandera americana, la primera fue con casación del arribo del crucero Adonia, procedente de los Estados Unidos, hace un año. Si lo que quiere Llorente es ganar simpatizantes en aquella plaza y no en la prensa de Miami, mejor es que grite a los cuatro vientos: no seremos nunca una estrella más de esta bandera y acto seguido, la queme. Aunque yo, por respeto al pueblo americano, me buscaría otro símbolo, que por desgracia no son escasos: La Enmienda Platt, la foto del marine borracho encaramado en la estatua de nuestro José Martí, en fin, hay muchos y él lo sabe.