Apuntes sobre el periódico Granma en su aniversario

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De izquierda a derecha, Gustavo Robreño, Lino Oramas, Silvestre Pérez, Jacinto Granda y Guillermo Cabrera.

Recientemente se han celebrados los cincuenta y cinco años del diario cubano Granma, que desde 1965 es el periódico más importante del país. Me parece buena ocasión para dejar constancia de los bonitos recuerdos de los años que trabajé allí en la década de los noventa. Esta crónica es un homenaje a mis compañeros de trabajo de entonces, a los que continúan y a los que desafortunadamente han dejado de estar entre nosotros. Empiezo por Jacinto Granda, director, al que recuerdo como hombre honesto, fiel, noble y generoso.  Gustavo Robreño, un gran periodista, con mucha experiencia en la información internacional. Guillermo Cabrera, muy buen profesional, entusiasta y sobre todo, excelente amigo. Yo era el más inexperto en el equipo de dirección, porque aunque era licenciado en periodismo, nunca había ejercido el oficio. En general fue una época en que ese colectivo reunía a muchos de los mejores periodistas del país, los mejores fotorreporteros, diseñadores y un estupendo staff de asistentes y trabajadores administrativos.

Transcurrían los acontecimientos del derrumbe del campo socialista en Europa con las conocidas consecuencias devastadoras para la economía de Cuba que dieron lugar al bautizado como período especial.

No se me olvidan las madrugadas interminables, soñoliento, esperando que Gabino trajera del taller las pruebas de páginas que salían para hacer las ultimas revisiones, las tertulias con los periodistas, jefes de redacciones o los visitantes, como ocurría casi a diario con Manuel Piñeiro, célebre comandante de la guerra insurreccional contra Batista y después fundador del Ministerio del Interior y cabeza visible de los contactos de Cuba con disímiles movimientos revolucionarios de América Latina. Para algunos, un diablo, para mí un hombre interesantísimo, sencillo, culto y muy cercano. Y como no, la visita que nos hizo Fidel Castro una noche de febrero de 1993 cuando nos disponíamos a publicar las biografías de los candidatos a diputados a la Asamblea Nacional (Parlamento), de la IV Legislatura. Tendré siempre en mente aquella conversación en la oficina de la dirección entre Fidel, sus acompañantes y los que estábamos preparando la edición. Hasta ese momento pensaba que Fidel hablaba alto, como lo hacía en sus interminables discursos en la radio y la televisión, pero aquel día vi un Fidel hablando casi en murmullo, lo que obligaba a estar muy atentos para escucharlo.  Se interesó por el contenido de las biografías de los candidatos y la ubicación que tendrían en el periódico.

La vida de una redacción es la mejor universidad de periodismo que existe.

Fueron años duros, muy duros en todos los sentidos. La crisis económica obligó a cambiar el formato del periódico, reducir al mínimo su tamaño e incluso en algún momento a disminuir los días en que salía. No había dinero para comprar papel en el extranjero y se optó por utilizar el papel que se producía nacionalmente a partir del bagazo de la caña de azúcar. Amarillento, feo y con gramaje impropio.  

Los corresponsales de las provincias muchas veces tenían que utilizar los autobuses de línea o vuelos comerciales para enviar sus materiales gráficos a La Habana, eran tiempos en que ni soñábamos con internet. Recuerdo que, en alguna fecha anterior, no recuerdo el año, estando en otras tareas relacionadas con la prensa, tuve una vivencia muy especial al encabezar un grupo de reporteros gráficos que cubrieron unas concentraciones multitudinarias que se produjeron el mismo día en todo el país. Se utilizó un avión militar AN 26, que no tenía asientos como en los vuelos comerciales, sino banco que seguramente utilizaban los paracaidistas. Salimos del aeropuerto militar de Baracoa, al oeste de la capital al amanecer de la fecha señalada, directamente hacia Guantánamo, después a Santiago, Holguín, Camagüey, así en varias ciudades hasta retornar a La Habana. Con la mala suerte de que después de todo ese periplo, con múltiples aterrizajes y despegues, todos medio mareados, llegando a La Habana, se nos atravesó una turbulencia y más de uno recibimos un porrazo de una cámara o un trípode que volaba por el aire. 

No había combustible para casi nada, incluso para los coches (carros) que prestaban el servicio de las coberturas en la capital. Nos facilitaban la compra de bicicletas para movernos del periódico a nuestras casas, porque el transporte público era imposible. Recuerdo la mía. Era una bici china que pesaba como una piedra, sobre todo cuando después de la madrugada tenía que atravesar la Plaza de Revolución y subir la cuesta de Paseo hasta la calle 21.

Dos de mis hijos eran pequeños, yo llegaba al amanecer a casa y muchas veces no los venía porque marchaban temprano para la escuela. Tal vez el mayor sacrificio, en este periodo, fue éste, la conciliación familiar y el contacto con los amigos. Cuando trabajamos de día no valoramos suficientemente el sacrificio que significa el trabajo de noche. 

No voy a hablar de contenidos, de política editorial y de más cosas que pudiera, solo quiero en estas líneas resaltar el valor humano de aquel colectivo de profesionales, la entrega de las personas cuando hacen un trabajo importante y que su motivación es honestamente una utopía por el mejoramiento humano. Soy de los que piensa que vale la pena.

El emigrado que recibía una rosa amarilla, cada semana

En estos días fue muy comentado en las redes sociales un Tweet del doctor Eduardo López-Collazo en el que reivindicaba el rol de los inmigrantes en la sociedad española, como respuesta a la presidenta de la Comunidad de Madrid que poco menos culpaba a los inmigrantes por su modo de vida como causantes de la amplia difusión del coronavirus en los barrios humildes de la capital. Su Tweet decía: “Soy un inmigrante, dirijo uno de los centros de investigación más importantes de la CM (Comunidad de Madrid), he escrito un libro para que entendamos la Covid-19, dirijo un proyecto para acabar con la pandemia, soy un defensor de la mascarilla… ¿algo que objetar sobre mi modo de vida?” 

Me pareció tan sugerente la respuesta que me puse a indagar sobre el autor. Es cubano, afincado en España, físico nuclear, doctor en Farmacia, investigador y divulgador científico. Graduado en las universidades de La Habana, la Complutense de Madrid y con estancias postdoctorales entre otras, en centro de muy alto nivel científico en Alemania, en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España y en Estados Unidos. Desde hace siete años es Director Científico del Instituto de Investigación del Hospital Universitario La Paz, uno de los más grandes de Madrid.

Con toda esta información no pude resistirme a entrevistarlo para cubaclaroscuro.com y aquí les dejo lo que me ha dicho. No incluyo mis preguntas, quiero aprovechar el espacio con sus respuestas:  

“Soy de un pueblo llamado Jovellanos, sí, igual que el humanista y filósofo asturiano. Pero en realidad, y esto casi nadie lo sabe, nací en Matanzas que es la capital de la provincia donde se encuentra el pueblo donde crecí. Mis primeros años transcurrieron allí, es un sitio medio perdido de la geografía cubana con mucho polvo “colorao” al que yo era alérgico ¡Te puedes imaginar! En Jovellanos soñaba constantemente, leía como un endemoniado, monté un laboratorio en el cobertizo que teníamos en casa y un observatorio en la azotea. Maté a un centenar de lagartijas en fallidos intentos de hacer un trasplante de corazón, construí un sistema para encender y apagar la tele a distancia… y así, hasta que terminé los estudios secundarios y pude irme a La Habana a estudiar Física Nuclear.

“Mi inclinación por la ciencia no fue una inclinación… nací ya orientado (risas). Contaba mi madre que a los ocho años dije claramente que estudiaría Física Nuclear. El primer libro que me leí, a una edad que no te voy a decir porque no me creerás, fue una biografía escrita para niños de Madame Curie. Creo que aquello me marcó de por vida. Luego vinieron otros referentes: Albert Einstein, Darwin… Mas todo no fue ciencia en mi infancia y juventud jovellanense, como te dije, leía como un condenado y eso me abrió los ojos a un mundo diferente, al arte, la historia y, principalmente, a la literatura. Empecé a escribir y desde entonces no he parado de hacerlo. Debo decirte que todo esto fue posible por la existencia de una persona: mi madre. Crecí en una familia sin grandes recursos intelectuales, pero ella me proporcionó los medios para que yo buscara, investigara, rompiera el cascarón. Todo eso envuelto en un amor infinito. ¿Sabes que hasta su muerte me escribía un diario que mandaba cada semana con una rosa amarilla por correo? 

“Cuando cursaba el tercer año de la carrera, hablo de Física Nuclear, tuve una crisis de identidad. Hasta el momento habría creído en el proyecto de país que tenía Cuba. Reconocía sus defectos, pero los minimizaba frente a las virtudes. Estudiar filosofía en la universidad me hizo pensar que algo fallaba entre el relato y la realidad. Me percaté que aquello no tenía sentido para mí, que el “hombre nuevo” no existía. Entonces apliqué la máxima de un escritor que se usó para una serie popular cubana “en silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”. En ese momento vi con claridad que mi futuro no estaría en la isla metafórica que es Cuba. Luego las cosas se precipitaron, me gradúe, tuve problemas para encontrar trabajo porque se me ocurrió defender una injusticia, luego me dieron trabajo, logré salir con una beca española y, al abandonar el aeropuerto habanero, sabía que no regresaría más.

“Mi experiencia ha sido magnífica aquí, quizá esto vino ayudado por el hecho de que mi pregunta inicial fue: ¿Qué puedo aportar yo a España? e inmediatamente España empezó aportarme cosas maravillosas: posibilidades de formación, una cultura rica, libertad de pensamiento y acción… Llevo más de la mitad de mi vida en este país. Ya soy uno más y me permito criticarlo para que sea mejor. No es perfecto, está lejos de serlo, pero es magnífico. 

“Me fui de Cuba hace 26 años. Desde entonces, dejé de vivir allí. Vivo aquí. Me sigo informando de lo que ocurre, pero no estoy obsesionado con la evolución de la isla. Me hicieron la vida imposible muchas veces. Para poder seguir adelante, felizmente, mi receta fue alejarme. Si alguien no te quiere como eres, si alguien no quiere que aportes lo que sabes y puedes… ese alguien no se merece tu atención. Por supuesto que vivo orgulloso de mis raíces, de mi origen… me gusta bailar, me encanta la literatura que se pare en aquel sitio, el arte que se genera y hasta ahí llego.

“Me propongo seguir investigando en metástasis y sepsis… y si cae el Nobel, bienvenido sea (risas). Continuaré estudiando, ahora me ha dado por aprender chino. Proseguiré escribiendo, ya llevo tres libros y he empezado el cuarto, todos son de divulgación científica, pero la novela llegará. Seguiré aplicando mi máxima, la forma que define mi cubanía: “… ser cubano significa no dar importancia a los obstáculos, los saltas y se acabó el drama” 

Hasta aquí la entrevista.

Como es natural, la percepción de la realidad cubana dentro de la emigración es muy diversa, también los motivos y el destino de cada cual. En esto comprendo muy bien a Eduardo en su amor por El Principito, del que colecciona ediciones en más de 200 ejemplares en varios idiomas, tal vez para responder, con su experiencia vital, que las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya.

Los limones y aguacates de “San” Lázaro

No puedo menos que mostrar mi alegría al leer en la prensa que el campesino Lázaro Fundora, desde su finca La Esperanza, en Madruga, provincia de Artemisa, Cuba, ya exporta limones y aguacates hacia España. No es por la perspectiva de que pronto pueda degustar esos productos aquí en Madrid. Para mí, al margen de cualquier chovinismo que pueda suponer decirlo, son de los mejores del mundo. Ya verán quienes lo consuman. Mi regocijo mayor es por creer que hechos como este apuntan a que  las reformas económicas que está impulsando el presidente Díaz-Canel, van en serio.

Los cubanos llevan años introduciendo modificaciones a su sistema económico para sobrevivir al asedio más largo que una gran potencia haya impuesto a otro país. Desde la llegada a la presidencia de Trump, los Estados Unidos no solo han revertido las medidas de acercamiento entre ambos países, sino que han endurecido todo el complejo sistema tejido por décadas contra la economía cubana. Salta a la vista que las actuales disposiciones están dirigidas, con precisión milimétrica, al núcleo principal que sostiene la economía de la Isla: el comercio exterior, las transacciones financieras internacionales, el abastecimiento de petróleo, el desarrollo del turismo y la exportación de servicios de salud. Lo más reciente ha sido la prohibición de que los norteamericanos que visiten Cuba, que por todo esto son cada vez menos, no podrán alojarse en casi ninguno de los hoteles de la Isla, por ciertos, los mejores coadministrados por empresas españolas, e incluso ni en casas particulares que rentaban al turismo. También se les prohíbe llevar de vuelta, de souvenir,  hasta una botella de ron o un puro, so pena de ser multados a su regreso.

Si a lo anterior le sumamos que desde hace décadas el sistema centralizado de la economía cubana evidenciaba una clamorosa ineficiencia, reconocida hasta por el propio Fidel Castro, y que ahora, como al resto del mundo, la pandemia ha impactado tan negativamente en su economía, el resultado de la mezcla de todos estos factores explica el panorama actual de desabastecimientos y colas interminables de la población para obtener los productos esenciales.

Ante esto,  Cuba no tiene otra alternativa que, de una vez por todas, poner en marcha las decisiones que permitan el desarrollo de todo el potencial creativo de las gentes, de los emprendedores y de todo el tejido empresarial del país. Aquí los ortodoxos que se empeñan en mantener un sistema económico que no ha resultado deberían ponerse de lado y permitir que las nuevas ideas, inspiradas en la práctica que ya ha funcionado en países como China y Vietnam, sean decididamente implantadas, sin renunciar a lo básico del sistema socialista en cuanto a políticas sociales, educativas y de servicios de salud.

Si la Isla abre su economía, la flexibiliza y da muestras convincentes de seguridad jurídica, va a encontrar suficientes socios externos para emprender un desarrollo sostenido. No se puede esperar para ello a cómo evolucionen los acontecimientos en Estados Unidos, al final, como siempre, en su turbulenta relación con ese país, Cuba será la fruta deseada no para cultivarla, sino para consumirla. Ya lo vio venir José Martí.

Termino esta reflexión con lo que empecé, con los aguacates y los limones de Lázaro, de su finca Esperanza del pueblo Madruga, juntando estos nombres propios pareciera una metáfora que pone a prueba el ateísmo de cualquiera. Pero no es un milagro.

La Caridad de El Cobre y la Caridad de Illescas

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Allí estábamos, frente al altar que acoge a la Virgen de la Caridad del Cobre. Mi padre, sorprendido y solemne; mi madre, toda de blanco, sobrecogida, llorosa de emoción; y mi hermano y yo, cruzando miradas de adolescentes llenos de asombro. Era el gesto de agradecimiento prometido por la curación de una enfermedad de mi hermano.

Habíamos salido de Velasco, muy temprano, en un automóvil norteamericano del que no recuerdo la marca, pero que todavía pueden verse rodando en Cuba.   Fue un viaje de descubrimientos. Primero Holguín, una gran ciudad a principios de la década de los años sesenta del siglo pasado. Después, transitamos por la larga y estrecha Carretera Central que atraviesa ciudades y pueblos, como Cacocúm, Cauto Cristo, Bayamo, Santa Rita, Jiguaní, Baire, Contramaestre, Palma Soriano, hasta llegar a El Cobre.   

Era un placer para los sentidos contemplar una parte de los valles y llanuras del río Cauto, entre Holguín y Bayamo. Todo verde, frutales, campos de cañas de azúcar, arrozales, exuberantes concentraciones de palmas reales, infinidad de casas campesinas aisladas o en pequeños caseríos, rodeados de parcelas con plantaciones de maíz, yuca, plataneras y fincas con animales domésticos, sobre todo cerdos, gallinas, vacas y caballos. En Bayamo, se gira al Este y empieza un suave ascenso en paralelo a las estribaciones de la cordillera de la Sierra Maestra. Solo muy próximo al El Cobre es que las montañas son notables.

El santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, es la Meca de los cubanos. Poco importa qué religión se profese, qué fe se tenga o se deje de tener, es lugar de referencia de la espiritualidad de los cubanos.

Mi madre había hecho la promesa de que si mi hermano superaba una gastroenteritis aguda que padecía, nos llevarían al Santuario, además de vestir, de por vida, toda de blanco. Era una práctica extendida en el entorno rural de la Cuba de la época, la manera más recurrente para afrontar la pobreza y el no acceso a servicio de salud de la gente humilde.

El origen de esta virgen tiene muchas historias, interpretaciones y leyendas, tal vez la más extendida es que el capitán de artillería de las tropas coloniales, Francisco Sánchez Moya, llevó una imagen de la Virgen a principios del siglo XVII y la ubicó en una ermita para intentar evangelizar y amansar a los esclavos negros traídos fundamentalmente de Angola para explotar las minas de cobre de la zona. No tuvo demasiado éxito porque durante todo el siglo XVII fueron notables las protestas y levantamientos de los esclavos hasta que, en 1801, la Corona española reconoció el derecho de los “cobreros” a la libertad y a la tierra, declarando la libertad de esos esclavos y sus descendientes, casi 80 años antes que se decretara formalmente la abolición de la esclavitud.

El imaginario popular es extraordinario y muchos dan credibilidad a lo narrado por Juan Moreno, negro esclavo, que declaró bajo juramento ante las autoridades religiosas de la Isla, según consta en los archivos de Indias de Sevilla, a la edad de ochenta y cinco años, que la aparición de la Virgen se produjo en la Bahía de Nipe, al norte de extremo oriental de la Isla, flotando sobre una tabla.

Sea como fuere, la Virgen de la Caridad del Cobre, para los católicos y Ochún para las religiones afrocubanas, es parte sustancial de la cultura de la Isla y se celebra cada 8 de septiembre.

Curiosidades de la vida, nunca imaginé que casi seis décadas después de aquel viaje, de Velasco a El Cobre, en el Oriente cubano, escribiría estas notas desde un pueblo llamado igualmente Velasco (Torrejón de), a escasos kilómetros de Illescas, que tiene como patrona a la Virgen de la Caridad y es la cuna del capitán de artillería del ejercito colonial que presumiblemente llevó la imagen de la Patrona de Cuba.  

Las armas biológicas de Cuba

En el 2002, el gobierno de los Estados Unidos acusó a Cuba, a través del entonces subsecretario de Estado, John Bolton, de fabricación de armas biológicas, poniendo en duda un pionero programa de desarrollo de la industria de biotecnología y farmacéutica que impulsaba la Isla caribeña. La acusación condujo a que Fidel Castro invitara al ex presidente Carter a visitar las instalaciones científicas que quisiera para que comprobara que tal acusación era falsa. Al cabo de casi dos décadas, ya sabemos las armas biológicas que se gestaban en Cuba: una poderosa industria biotecnológica y de ciencias farmacéuticas, capaz de desarrollar en tiempo récord, a la par que los grandes países desarrollados, un proyecto de vacuna para combatir la mayor pandemia que ha sufrido la humanidad en un siglo. Tiene mérito que un pequeño país subdesarrollado, envuelto en una aguda crisis económica, sea capaz de hacer tal contribución en este crítico momento que vivimos.

En Cuba existe una cobertura universal de vacunas que se producen casi todas en el país. Es el Instituto Finlay de La Habana,  la organización científica encargada de su investigación y producción y solo en él laboran mil trabajadores de alta cualificación.  También, existe el Centro de Inmunología Molecular que acumula más de veinticinco años de experiencias en la producción de anticuerpos monoclonales y producción de proteínas complejas para estos medicamentos. Para señalar solo algunos productos desarrollados mencionamos la vacuna terapéutica Cimavax-EGF, contra el cáncer de pulmón avanzado de células no pequeñas; vacunas contra la meningitis; el Anticuerpo Monoclonal Humanizado (Cimaher) para tratar neoplasias de cabeza, cuello y cerebro (en niños y adultos), esófago y páncreas; el Epocin, para tratar la anemia asociada a la insuficiencia renal crónica. Algunos de estos fármacos son muy novedosos y únicos en el mundo.

Ha sido justamente la experiencia acumulada y el talento y la dedicación de los científicos lo que le ha permitido a Cuba estar entre los 30 primeros proyectos de vacuna contra el Covid-19 y el primero de América Latina y el Caribe que recibe una autorización para ensayos clínicos, que ya han comenzado esta misma semana.

Vicente Vérez Bencomo, Dagmar García Rivero, Yuri Valdés Balbín, los tres líderes de este candidato de vacuna, así como sus colaboradores e instituciones de apoyo se agregan con letras de oro a la lista de científicos cubanos que desde el epidemeólogo Carlos J. Finlay (1833-1915), han hecho contribuciones muy notables a las ciencias médicas.

Cuba: ¿ahora sí?

colas Cuba virus

Sin abundar mucho en datos se puede afirmar que la crisis del coronavirus en Cuba ha sido gestionada, hasta ahora, con un éxito incuestionable. Un país subdesarrollado que atraviesa una profunda crisis económica ha logrado contener el virus y exhibe unos resultados verdaderamente notables. De sus casi once millones y medio de habitantes han contraído la enfermedad algo más de 2 mil quinientas personas y no llegan a 90 los fallecidos. Esto quiere decir que por 100 mil habitantes ha habido 0,76 fallecidos y 21 casos confirmados. Los que lean estas notas en España podrán tener una referencia con lo ocurrido aquí, donde los datos reflejan que hasta el presente suman 60 los muertos por cada 100 mil habitantes y 542 casos confirmados por igual cantidad de población.

Nada que ver el impacto humano de la pandemia en Cuba con lo que está ocurriendo en la mayoría de países de su entorno. América está siendo el epicentro de esta calamidad mundial, por ejemplo, los Estados Unidos, Brasil, México, Perú, Ecuador, Chile, Bolivia reportan millones de infectados y miles de muertos. El pequeño país subdesarrollado y bloqueado comercialmente, da un ejemplo de correctas políticas sanitarias, científicas y sociales, mientras la potencia más grande del mundo, Estados Unidos, se desgasta al hacer todo lo contrario.

El gobierno de Díaz-Canel ha salido reforzado de esta gestión y es la más grande  demostración de que las instituciones cubanas son capaces de retos de esta envergadura en la era post Fidel y, casi ya, post Raul Castro.

Se acaban de anunciar en La Habana una batería de medidas encaminadas a continuar con las reformaras del sistema económico de la Isla que emprendió Raul Castro hace más de 10 años y de ahí la pregunta que da título a este artículo. De verdad las autoridades cubanas llevaran a cabo, esta vez, las reformas que demanda la economía de Cuba y que hasta ahora solo aparecían de los documentos partidistas que tantas y tantas veces han sido reclamadas por la población. Hasta ahora las escasas transformaciones se han aplicado a regañadientes, por coyunturas más asociadas a la política internacional, básicamente a los vaivenes de los norteamericanos, que por una sincera convicción de que el sistema económico estrictamente centralizado, burocrático, sin apenas participación de la pequeña propiedad privada, no funciona. Las autoridades cubanas, paladines de la auto determinación y la independencia, con este comportamiento han caído en lo contrario que predican. Se vio con Obama, ante la flexibilización del embargo, la respuesta cubana fue un tímido crecimiento del sector privado. Pero Cuba, aunque mire de reojo lo que ocurre en la política norteamericana debería asumir las reformas con todas sus consecuencias, no por lo que haga o deje de hacer su poderoso vecino, sino  por lealtad a su pueblo y en respuesta a las necesidades del país. Tal vez estemos en este escenario.

Como soy un optimista patológico, mi respuesta es que sí, Cuba emprenderá ahora profundas reformas económicas. Aunque reconozco que puedo equivocarme. Hace casi veinte años, después de la desaparición del campo socialista y la caída de URSS, expresé, como tantos otros militantes comprometidos, estas ideas. Entonces por decirlo y hacer otras críticas, me echaron del partido al que había dedicado toda mi juventud y entre otras consecuencias, no pude viajar a Cuba durante siete largos años. Pero nada me ha hecho cambiar de opinión, la Isla puede y debe reformar su sistema sin renunciar a su obra social, hacerlo más tolerante, democrático y sostenible. La Mayor de las Antillas no puede seguir sin hacer los cambios económicos que necesita para entrar en una senda de crecimiento y prosperidad. Lo contrario es prolongar el sufrimiento de una población que ha resistido como pocas por mantener sus ideales y sus anhelos.

 

NO SE PUEDE PEDIR LIBERTAD DESDE LA BURLA Y EL ESCARNIO

Disfruto al navegar por Internet buscando una imagen, un audio, un vídeo que recuerde la Isla que dejé un día pensando que pronto regresaría. Es mi socorrido  recurso para mantener la ilusión de la vuelta. En este paseo por la Red, a veces lo que encuentro me enorgullece y dignifica, otras me deprime. Hoy, por ejemplo, vi un título excéntrico y seguí el enlace que me llevó a un canal de un “Youtuber” que hace su sketch travestido, encima de una bandera cubana en una calle de Madrid. Lamentable caricatura de performance de las que utilizan algunos de los grupos disidentes para promover su existencia y buscar seguidores a cualquier precio.

Por lo que he leído, en este caso se trata de un recién llegado de la Isla que intenta hacerse un hueco dentro del ya agotado mercado del panfleto en esta plaza. Forma parte de la lucha por el pastel que proviene presumiblemente de los abultados presupuestos de la llamada Fundación Nacional para la Democracia de los EEUU y de sus socios en este Reino Ibérico. Buen negocio para “listillos” que hacen caja parapetados detrás de “ideales libertarios”.

No dudo que en esta frágil y dividida telaraña de opositores al sistema político cubano pueda haber algún patriota, alguien que sinceramente desee lo mejor para nuestra patria, pero desde luego nunca sería un triste y vulgar personaje como este.

No se puede pedir libertad y respeto  desde la humillación de símbolos  que no pertenecen a nadie en particular  porque son la expresión del alma de la nación cubana, sin partidismos ni ideologías.

Venezuela y el arte de la tauromaquia

Hispanoamerica

Después de la debacle del Partido Popular en las últimas elecciones generales de España, su inspirador mayor, el ex presidente Aznar, ha reaparecido en Paraguay, no precisamente para reflexionar qué le ha ocurrido a la derecha española, como sería de esperar, sino para pedir y justificar una intervención en Venezuela. Es lo que le faltaba al “oráculo”, que por lo visto le parece poco su apoyo descarado a la guerra de Irak que tuvo consecuencias devastadoras y que ahora incentiva a repetir en Latinoamérica.

No soy precisamente un defensor entusiasta de Nicolás Maduro, como gobernante, nunca lo he sido. Creo que al desaparecer Chávez, pudo asumir el liderazgo alguien más preparado para tamaña responsabilidad, con una mejor proyección estratégica y conceptual del movimiento político que nació como consecuencia del fracaso del sistema neoliberal, injusto y corrupto que imperaba en la hermana Venezuela. Pero la política abusadora, prepotente y equivocada de los Estados Unidos están agigantando a Maduro a niveles de convertirlo en un referente de la resistencia de los débiles contra los poderosos y borrar con ello, los errores y carencias del gobernante chavista.

Desgraciadamente para la humanidad, la potencia más grande del mundo ha caído en manos de un desequilibrado que considera todo como un espectáculo de exhibición de fuerza y poder, sin ningún otro valor político ni moral. Tal vez desde la tauromaquia se podría comprender el pensamiento tan primario de Trump. El Presidente Norteamericano es como un toro de lidia y punto. Cuando se mueve algo delante sus ojos, sin detenerse a analizar ni causas, ni consecuencias, se lanza sobre el capote y embiste, o al menos amenaza con hacerlo.  Si él y los que le aconsejan repasaran las lecciones de la historia de Latinoamérica actuarían distinto.

Contrario a lo que dice Aznar, el führercito (como lo bautizó Fidel Castro),  una intervención en Venezuela es la que podría producir un efecto “contaminante” en todos los países, especialmente en Latinoamérica.  Remember las políticas contra la Revolución Cubana en la década del 60 del siglo pasado que empujaron a la Isla hacia el bloque soviético y con ello el recrudecimiento de la Guerra Fría y a la crisis de los misiles que puso a la humanidad al borde del abismo.

Es momento de exigir claramente, como está haciendo la Unión Europea, Rusia, China, Cuba y muchos otros países, que la solución del conflicto venezolano hay que obtenerla desde la paz, sin intervención extranjera y con el protagonismo fundamental únicamente de los venezolanos.

Más que una novia para David

Como soy peli

Han pasado seis décadas desde que se creó el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), motivo por el que, en días pasados,  disfrutamos  nuevamente del filme Una novia para David.

La embajada de la Isla en Madrid organizó una sesión con cubanos residentes en España y otros  invitados de esta capital. Fue una sesión muy entrañable porque evocó  muchos recuerdos  de juventud con el añadido de la presencia de la actriz protagonista, María Isabel Díaz   y el actor Vladimir Cruz, ambos muy conocidos tanto en Cuba como en España. En el caso de María Isabel, por su destacada participación en la serie de Televisión Española Vis a Vis y en más de una decena de películas.  Vladimir Cruz, igualmente,  resulta familiar al público local e internacional por su excelente actuación en la mítica película cubana Fresa y Chocolate y otros filmes del cine caribeño. Participaron además otros integrantes del equipo creativo del largometraje.

Una novia para David retrata de una manera tierna y casi  inocente la vida de una parte importante de la juventud cubana en la década de los años sesenta del siglo pasado.  En particular, la historia de aquellos jóvenes que venidos del interior  disfrutaron de becas gratuitas para estudiar en la capital de la Isla. Por cierto,  muchos de ellos por su origen humilde, era la primera vez que conocían una  ciudad y en este caso, una metrópolis llena de encantos. La entrada a La Habana en aquellos trenes de vía estrecha, al amanecer, después de interminables horas de viaje resultaba como un descubrimiento mágico de un mundo apenas soñado.

Toda la película es un ingenioso poema,  sin grandes pretensiones cinematográficas pero lleno de ternura y sensibilidad.

Me fijo ahora, al cabo de tantos años, en esa canción de Pablo Milanés, “Ámame como soy, interpretada por Elena Burke,  que ambienta esta pieza cinematográfica y que hoy es casi un bello  himno al amor:

…”Amar es un laberinto que nunca había conocido/ Desde que yo di contigo quiero romper ese mito/ Quiero salir de tu mano venciendo todos los ritos/ Quiero gritar que te amo y que todos oigan mi grito/…

Si disponen de unos minutos escuchen la interpretación en la voz de  Elena Burke. Y desde luego, vean la peli, Vale la pena.

https://www.youtube.com/watch?v=pmwdhkjkNXg

Amane como soy 1

Homenaje a la hermana que se ha ido

bohio cubano

Hay pequeños hechos que nos marcan el sentido de la vida. Apenas con cuatro o cinco años, a la grupa de un caballo, cabalgaba en busca de mi hermana recién casada y de la cual me parecía imposible separarme. Caía lentamente el sol y la noche permitía ver a un lado y otro del camino las luces centelleantes de las humildes casas campesinas. Me inquietaba la demora en llegar y el jinete, mi insuperable cuñado, me consolaba con un recurso muy sencillo: -ves aquella lucecita, allá a lo lejos….pues ahí está la casa de tu hermana.

Llegábamos al lugar señalado y repetía el piadoso engaño, una y otra vez. Así, hasta la media noche en que por fin nos encontramos con mi hermana.

A lo largo de la vida siempre he tenido en el horizonte una pequeña luz a la cual llegar, un punto que conquistar. Tal vez esta experiencia es la metáfora de mi vida. Siempre hay que ilusionarse y luchar por alcanzar la luz que tenemos en el horizonte y no cejar hasta llegar a ella y después, otear donde se encuentra otro punto de luz para hacer lo mismo. Lo aprendí buscando a mi hermana. Aunque ya no está entre nosotros, sigue siendo una luz que me guia.